Mayor General, E.N. (DEM)
Yo solamente puedo exhortarlos a que
antepongáis la amistad a todas las
cosas humanas; nada existe tan
conforme a la naturaleza, nada hay
tan conveniente a las cosas ya
prósperas ya adversas.
Proverbio Griego, Anónimo.-
Penetrantes estudiosos del comportamiento humano consideran que el hombre contemporáneo se halla más expuesto a la soledad que el de épocas anteriores, debido a que éste último vivía en comunidades donde la existencia privada era mucho menos importante. Lo que sí tenía validez era la Amistad, ese compromiso existente entre miembros pertenecientes a una misma comunidad, fundada en compromisos de reciprocidad.
Debido a la importancia conferida a la amistad, fue que uno de los denominados Siete Sabios de Grecia, Cleóbulo, aconsejaba hacer el bien a su amigo para hacerlo todavía más amigo, y también a su enemigo, para hacerlo un amigo. Pero, con profundo pesar, tenemos que admitir, sobre el deterioro acelerado que está sometido este concepto de amistad, sufriendo hasta lo indecible en la intencionalidad de sus raíces, que los valores que encierran los atributos que adornan este sentimiento cada día están más fuera de moda, como la reverencia, la consideración, el respeto a todos los seres de nuestra especie y el respeto especial a los miembros de la familia y el criterio que cada quien tiene de sí.
Entre amigos todo es común y esa condición por igual se extiende más allá del hombre, traspasa los límites de la simple satisfacción y compartir el momento, artefactos comunes y reflexiones repletas de espiritualidad. La amistad, además, es la admiración y respeto por el maestro y el deseo de éste por guiar rectamente al alumno. La amistad es el deseo de imitar la excelencia de un amigo, es amar buscando el bien, es algo inteligible con lo cual el alma se satisface, tanto en la belleza del bien como en la pureza del espíritu.
Me identifico de tal manera con la amistad, que me he atrevido hasta disentir del sabio Solón, cuando expresó que no quería que su muerte careciera del dolor y los lamentos de sus amigos, y prefiero, por el contrario, unirme a ese otro sabio de nombre Ennio, quien por igual, al referirse al mismo tema, expresó: Nadie me honre con lágrimas ni mis honras fúnebres se hagan con llantos, y todo esto es simplemente para ahorrarle dolor y penas a quienes me han brindado y honrado con su amistad.
Pero, tampoco quiero ser como un árbol cualquiera que permanece inconmovible ante la pérdida o nacimiento de sus ramas. Prefiero el consejo dado por Cátulo, ese filósofo estoico, que nos dejó para la eternidad la sentencia de que no debemos desdeñar a un amigo que nos culpe de algo, aunque tal vez nos culpe sin razón, sino intentar reintegrarlo al trato habitual.
Porque así es la amistad, como el amor, y no me atrevo a afirmar que son cosas sencillas, porque en realidad, en la vida, sobre este mundo, no hay nada, cosa alguna que sea absoluta, debido a que el principal atributo de todo lo que existe sobre la tierra es la complejidad, la cual cuando creemos estar a la puerta de describir, se nos desvanece, como si fuese un sueño, dejándonos con la siempre incógnita de si en verdad la cosa es o no es. Aseveración ésta sustentada por un gran escritor al dejarnos este pensamiento: Soy Dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy. O quizás en verdad, que sí soy.
Confío en la amistad y trato de no Interesarme por vanidades, desconfiar de lo que dicen los charlatanes, como escribió un pintor y sabio cultivador filosófico de la antigüedad, nombrado Diogneto. Su visión se debe a que la amistad, al igual que la inteligencia, no se puede permitir que sea infectada con la peste de la corrupción, ya que de así ser, lo que subyace de esa amistad, será putrefacto, puro hedor, cenizas y odios.
Y, precisamente, no me refiero a esa amistad oportunista, vulgar y mediocre, que por tener estas cualidades no deja de ser importante, sino aquélla casi perfecta, reducida a un grupo selecto que permite compartir las cosas buenas, aquéllas con quienes te atreves a hablar como si fuese contigo mismo. Es ésta la razón por la cual considero que amistad y amor van juntos de la mano, haciendo en ocasiones difícil diferenciar lo uno de lo otro, cuando podemos decir, parodiando una vieja y certera verdad, que: El amigo es como la sangre, que acude a la herida sin que ésta la llame.
Por eso no puede confundirse la amistad y el amor con la adulación a la persona, porque esto es indigno y contagia la amistad y el amor. Aquél que tenga dudas, lo invito a pensar en lo dicho por el filósofo Terencio en Andria: El obsequio nos proporciona amigos, la verdad odio. Pero también nos advierte que la condescendencia es molesta y penosa, porque al dejarle pasar los pecados al amigo, consentimos que se precipite en el abismo; constituyendo la mayor culpa en que el conocimiento de la verdad se atreve, por condescendencia, a dejarse arrastrar al engaño.
Amistad, Cariño y Amor sin engaños son las razones por las cuales estoy embrujado por unos lindos ojos negros que, más que ojos, parecen dos luceros. En ellos me veo y su profundidad inmensa es igual a la paz y ternura que proyectan, son ojos negros que el exclusivo gesto de admirarlos me causa en el paladar un rico sabor a miel.
Ojos negros tentadores en los cuales me reflejo y al brillar parecen dos perlas de infinito valor, que irradian inocencia, esperanza de vida y alegría a todo el mortal que los puede contemplar. Más que ojos, parecen lazos para liar, en un agradable sortilegio, el misterio de la belleza y de la vida.
De esos ojos negros brota un hechizo ante el cual caigo embriagado, sin aliento, sin palabras que puedan escapar de mi garganta y sólo puedo contemplarla, bendiciéndola y deseando liar su alegría con la tristeza mía, para no perder la esperanza de disfrutar el arribo de un mejor y más alegre día para la nación y toda la humanidad.
Encuentro semanal que esos ojos negros iluminan, cual farol en la oscuridad, o como un faro que me guía a complacerme y disfrutar la inocencia de esa figurita que me enreda y logra liar mis pocas o grandes alegrías. Deseo que el tiempo pase y le crezca el pelo, para cantarle al oído, como lo hace Ana Belén Lía telarañas que enmarañan mi razón, que te quiero mucho y es sin ton ni son.
Si, ella, la poseedora de esos lindos ojos negros, se llama Lía; adorada y querida sobrina que acapara mi amor, cariño y amistad, la cual llegó a la familia en el momento preciso para alegrar y enamorar a todos por igual, pero yo la quiero más, aunque me enrede y líe mi cariño y mi razón. Que vivan por siempre Lía y el mes de Febrero, esta sagrada hoja del calendario dedicada a la Patria, al Amor y la Amistad. ¡Si Señor!.-
E-mail: rafaelpiloto1@hotmail.com

