Opinión

Libros y lecturas

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Solo la verdad

Solo la verdad, Ensayo de Testimonio histórico; Autor: Víctor Gómez Bergés; Diagramación y portada: Yahira Fernández Vásquez; Tratamiento de imágenes: Jesús Pérez; Motivo de portadas: Banderas de los países del Continente Latinoamericano (obra de Cristian Martínez Villanueva (Crismar). I edición: 1984; II edición: 2017; Impresión: Editora Corripio; Introducción; Roberto Cassá; Prólogo del autor; Tirada: 1.000 ejemplares; Páginas; 354; Formato: 8 y media por 11 pulgadas.

Luego de Trujillo, los casos de censura de libros dominicanos representan un capítulo breve.

Una de las actitudes de censura más recordables fue el impedimento gubernamental, dictaminado por el entonces presidente Joaquín Balaguer, de la entrega del Premio Nacional de Novela, a Viriato Sención en 1993 (fallecido en 2012), en la cual el autor presentaba a un “doctor Mario Ramos” que pintaba las acciones políticas y dibujaba las acciones negativas de otros personajes que se podrían interpretar como parte de la familia del mandatario. El Premio finalmente se entregó durante un gobierno posterior.

Balaguer, se dice actuó con ese encono, porque entendió que en la novela se difamaba a su familia, por lo que impidió se concretara el veredicto del jurado. Era muy celoso con el prestigio de su familia.
El de Víctor Gómez Bergés es otro caso de censura bibliográfica.

Muy organizado, este escritor, documentó su caso con meticulosidad y produjo un libro titulado Sólo la Verdad, que fue puesto a circular en su primera edición el 20 de agosto de 1985, y tras ser colocado en librerías, los ejemplares simplemente lo hicieron desaparecer de las estanterías y el publico general no pudo conocer su contenido, referido a la extraña postura oficial dominicana respecto de la postulación a la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos, cuando dejó sin respaldo al candidato del país.

El tema tenía trazos personales y políticos de difícil explicación: era la primera vez que un dominicano era postulado al principal cargo de la OEA, en un movimiento que ´se inició por la petición de los cancilleres de México y Costa Rica, al presidente Balaguer para que el país llevara a su canciller, Gómez Bergés, al principal cargo de la OEA.

El libro es un testimonio moderado y firme de los acontecimientos vinculados a este acontecimiento y de la forma en que se abortó el triunfo de Gómez Bergés, entrega la segunda edición a lectores de las presentes generaciones. El autor ha dado una muestra de actitud histórica al documentar el caso e insistir en exponerlo al conocimiento público. Era su derecho. El caso es digno de atención.