Opinión

Libros y lecturas

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Chantada y el cementerio
El cementerio de la avenida Independencia y Santo Domingo amurallada. Memoria urbana, identidad caribeña y medioambiental; género: investigación histórica; autora: Amparo Chantada; producción: Archivo General de la Nación (presentado en la IV Feria del Libro de Historia 2017); Volumen: CCCXII; Diseño y portada: Harold M. Frías Maggiolo; Motivo de cubierta: tumba de Adelaide Strenkoff, viuda Mena: apéndice: investigación de Teófilo Barreiro; Impresión: Editora Búho S.R.L; edición al cuidado de Harold M. Frías Maggiolo y William Capellán Ferreira.

La recientemente celebrada IV Feria del Libro de Historia, un proyecto bibliográfico sin precedentes, fue la versión más concurrida, con mayor cantidad de títulos publicados y con un programa respetable de presentaciones especializadas y puestas en circulación.

Los libros presentados, unos 15 títulos, ofrecen un material de lectura y estudio, dentro de los cuales nos llama la atención este ensayo histórico de Amparo Chantada, que toca un tema tan propio de la ciudad y al mismo tiempo tan poco tomado en cuenta en sus valores patrimoniales.

La geógrafa urbana Amparo Chantada logra con esta investigación poner en el debate intelectual el qué hacer con la estela de vergonzante indiferencia nacional y municipal que ha enmarcado el tesoro patrimonial, turístico e histórico que representa el cementerio de la avenida Independencia, y respecto del cual es oportuno resaltar que tuvo su principal doliente en el sociólogo Teófilo Barreiro, quien dedicó años de su labor profesional a investigarlo y exponer su valor mediante publicaciones, conferencias e intervenciones en los medios de comunicación.

La labor de Barreiro, es retomada por una investigadora urbana, quien profundiza sus hallazgos, maneja con mucha corrección la data, sistematiza las informaciones por época y lo hace replanteando la riqueza patrimonial por los valores que para la historia implica ese camposanto, ubicado en el mismo centro de la ciudad y frente al cual miles de personas pasan cada día, en ignorancia total de lo que atesora.

Chantada nos relata que el Cementerio de Santo Domingo fue inaugurado el 20 de agosto de 1824, durante la segunda ocupación haitiana por el presidente Jean Pierre Boyer, y se abrió como cementerio católico en un terreno de 40 varas castellanas de frente y 58 de fondo, cercado de mallas y luego con verja de madera.

Desde la primera tumba instalada, la de la baronesa del camposanto, Juana Flores, hasta los últimos cuerpos enterrados, los de combatientes constitucionalistas de 1965, el cementerio acogió las figuras (resaltantes o no en lo social, lo político, lo militar y lo cotidiano), este lugar se transformó en un ignorado patrimonio urbano.

Amparo Chantada, en correspondencia a una experiencia que le otorgan sus estudios y su experiencia de investigadora y docente, profundiza con consistencia las pesquisas precursoras de Barreiro, con quien la ciudad tendrá siempre una deuda eterna por haber puesto en el tapete, la cuestión del cementerio.