También las crisis financieras como el barco de Darwin que cargado de genes navegaba por el planeta tienen su lado positivo, que no ha tardado en comenzar a verse. No es, como toda ruptura de un orden o un proceso, que no sean dolorosas y perturbadoras, pero al final tienen el efecto, como se dice por aquí, de que hacen levantar los pies.
Como primera potencia mundial, a Estados Unidos le ha correspondido enfrentar las tormentas para arrimar la nave a buen puerto. Pero en esta ocasión su intervención no ha sido como con la victoria que saboreó durante la Segunda Guerra mundial, sino como protagonista de la crisis que ha sacado a relucir las miserias de la sociedad de consumo.
Horrorizado por las secuelas de la I Guerra Mundial, el presidente estadounidense Woodrow Wilson promovió la Sociedad de las Naciones con el objetivo de crear un nuevo orden basado en el dominio de la ley fundada en el consentimiento de los gobernados. No prosperó por mucho tiempo, pero el esfuerzo valió la pena porque sirvió de antecedente a Franklin Delano Roosevelt para la creación, en 1945, de las Naciones Unidas. Si bien ha estado lejos de cumplir sus objetivos ciento por ciento, la ONU, aún en medio de la guerra fría, ha servido para apuntalar los derechos humanos y otras prerrogativas sociales.
La debacle financiera que se destapó por prácticas corruptas en el corazón de Wall Street, sacudiendo toda la estructura del sistema norteamericano y en consecuencia del mundo, ha obligado al Tío, bajo la égida de un gobernante joven y carismático, a tomar el bisturí para extirpar los tejidos cancerosos del modelo antes de que haga metástasis en todo el cuerpo. Cuesta admitir que sea precisamente Estados Unidos quien hoy encabece la revolución moral para evitar que una crisis de confianza termine por disolver el orden y los valores en torno a los cuales se han organizado las sociedades.
Las señales de Obama han sido claras. Desde encarcelar a banqueros prominentes comprometidos con la crisis hasta limitar los ingresos de sus funcionarios y establecer estrictos controles sobre los recursos destinados para solventar en los consorcios en crisis. Sin embargo, una de las medidas más reveladoras y menos publicitadas ha sido la obligación al mítico banco suizo UBS para levantar el secreto que protegía al menos a 250 clientes sospechosos de evasión fiscal y, por supuesto, de enriquecimiento ilícito.
En la cruzada para transparentar muchas fortunas se ha hablado de recurrir al método que permitió encarcelar al legendario gangster Al Capone, así como de combatir los paraísos que han servido de nichos a capitales de la corrupción, el lavado, el narcotráfico y de todas esas prácticas que han empobrecido más a las grandes mayorías. ¿Quién lo iba a decir? Como tiene que restaurar la autoridad moral del Tío para dar crédito a cualquier cruzada internacional Obama hasta se apresta a una cumbre fiscal para enfrentar el monumental déficit público de Estados Unidos.
Pueden citarse muchos otros aspectos positivos que derivan de la crisis que ha puesto el mundo patas arribas. La profilaxis en el sistema está en pie, aunque los resultados se tomen su tiempo para verse..
l.casanova@elnacional.com.do
lperezc@codetel.net.do

