(II)
Cinco naciones muy distintas iniciaron un acercamiento basado en un “meme” de la banca de inversión hace un poco más de una década y predeciblemente el mismo no ha materializado los logros esperados por las disfuncionalidades propias de cada uno de esos países. Brasil está sumido en una crisis económica y política, Rusia está aislada y en apuros económicos gobernada por un mafia-Estado, la India por su lado mantiene sus dificultades para reactivar su crecimiento económico y reducir sus iniquidades sociales. Veamos el resto.
China, desde la concepción del término BRICS, es el pilar económico sobre el cual se sostiene el bloque. Desde sus reformas de apertura y libre mercado de los 80s y 90s, China ha mantenido un crecimiento vertiginoso que ha cambiado la balanza de poder económico y geopolítico en el mundo.
Hoy dicha nación asume posiciones de liderazgo en temas que van desde libre mercado hasta el medio ambiente, en la medida que los Estados Unidos ha ido abandonando esos espacios.
No obstante esto, China sigue sin ser ejemplo en materia de derechos humanos y democracia en el mundo, siendo un modelo poco convincente de gobernanza como para influenciar a otras naciones, lo que con el tiempo solo ha empeorado. Desde el incremento del Estado vigilante, la censura, los abusos a los derechos humanos hasta la reciente movida para garantizar la permanencia por tiempo indefinido de su actual Presidente Xi Jinping, la pregunta abierta sobre China, su estabilidad social, sigue sin ser respondida lo que le hace un riesgo latente.
Por su lado Sudáfrica, la última nación en ser incorporada al bloque, pasó de ser un ejemplo continental bajo las reformas sociales y económicas iniciadas por Thabo Mbeki, a ser un posible candidato a repetir los errores de Zimbawe. La corrupción ha destrozado las instituciones de Sudáfrica y a su vez ha estancado el crecimiento de una nación que solía dar alarde de sus avances frente a sus pares continentales. La renuncia de su otrora Presidente Jacob Zuma pudiera ser una oportunidad para iniciar el proceso de reformas institucionales que necesitan, pero por el momento no parece haber ese interés.
Los BRICS planteaban presentar el producto final de la transición del subdesarrollo a sociedades desarrolladas y modernas, pero las mañas endémicas probaron ser temas pendientes de superar y esos avances en gran medida se encuentran hoy detenidos.
Nada impedirá que estos sigan asumiendo poses geopolíticas partiendo de sus particularidades económicas, políticas o militares, pero difícilmente estas se conviertan en liderazgos influyentes como para atraer a otras naciones, especialmente las democráticas, a su círculo de influencia, puesto que lo que estas parecen capaces de ofrecer nadie está dispuesto a comprar.

