Los caminos de la seducción en época del móvil

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Cómo seduce el hombre a la mujer? ¿A la cópula sexual cómo se llega? La tecnología le ha proporcionado a la seducción una insospechada vertiente, pues el teléfono móvil, esa extensión perpetua que acompaña a los seres humanos, ha abierto otros caminos, estilos que marcan una impronta que cada vez se hace más dictatorial, más omnipresente.

El internet ha revolucionado y trastocado la forma en que nos relacionamos con la realidad. Con tan solo un click, creemos que lo tenemos todo a mano. Penetramos al museo de arte, subimos al Everest, pero esto no nos lleva a intimar con una obra de Picasso ni a acceder a mínimamente a lo que es el vértigo de la altura.

Entre el ser humano y la realidad media un extraño paisaje que lo confunde todo. Y en esa tesitura, la seducción, experimenta cambios. Según Bataille el hombre busca fuera el objeto del deseo, y para alcanzar el deseo abrazamos la seducción.

El internet, más que a lo erótico, que exige cierta sofisticación, nos acerca y empuja hacia la pornografía, que requiere sólo de lo explícito, de lo chato. Una víctima del cambio frenético en lo tecnológico, por ejemplo, fue la revista Play Boy, del estrambótico Hefner. Antes un joven suspiraba ante un desnudo, ahora si no cambia rápido, genera bostezo. Somos yonquis de la imagen, de la información, de lo pornográfico.

En el tráfico verbal a través del móvil el hombre manda letras, pensamientos, textos. Una literatura prolífica para la conquista. La mujer, fiel a su origen, responde con imágenes. Precarios monosílabos a veces. Una caterva de selfies hace que ella se convierta en animal apetecible al varón merodeador de las redes. Cuántas imágenes de ella sube una mujer que pretende seducir o hacerse atractiva ante el cazador?

El tiempo de respuesta, la velocidad con la que se reacciona, también ha modificado el arte de la seducción. Una carta, un ramo de flores, una conversación cara a cara, creaban anteriormente cierta atmósfera entre el conquistador y la cortejada. O mejor dicho, entre seductor y el ente femenino.

En este universo virtual cada sexo se ha parapetado con sus pertrechos: el hombre de las imágenes de poder, buena bebida, vehículos de lujo, ropa de marcas, tarjeta de crédito. La mujer, de la belleza que le empuja hacia ese afán corpóreo de exhibir el cuerpo en su mejor estado: en bikinis, haciendo los primeros planos en el labio rojo y carnoso, sumergida en centros de spa o baños sauna, exhibiendo el protuberante seno, el trasero, que a pesar de que pudo ser operado, llama la atención, se convierte en un rompe ojos.

La mujer “postea” desde la playa, desde la habitación del hotel, desde la bien arreglada o suntuosa oficina. El hombre postea o escribe desde el vehículo de lujo, desde el prestigioso lugar de trabajo, desde el lugar de vacaciones donde ha ido gracias a lo abultado de su chequera.

En este juego de hombre y mujer, la seducción antigua está exenta. Simplemente lo de ahora, prescindiendo del perfume del acercamiento, de lo próximo, se da en una agobiante exposición en el Facebook, instagram, el whatapp, espacios que configuran distancia.

La seducción conduce y busca el acercamiento. Precisamente, y muy por el contrario, el arte de lo digital, si es lo que tuviere, consiste en ofrecer la falsa realidad de que estamos cerca, cuando es en base a la distancia y a la lejanía que creamos amistad, que establecemos romances.

Más que grandes seductores, nos vamos convirtiendo poco a poco, en grandes exhibicionistas, en impúdicos seres que en el más obsceno de los strip tease, vomitamos y exponemos todo lo vacuo que llevamos dentro.
El juego de la seducción ha desaparecido, le ha dado paso al juego de exponerse ficticiamente, y así transcurrimos como vampiros sin sangre, como seductores artificiales, enganchados a una red que toda creatividad nos ha robado.

El autor es escritor.