Opinión

Los lectores opinan

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Ausencia de memoria
Señor director:
Consciente de nuestra natural tendencia a olvidar, me permito citar una reflexión del juez español Baltazar Garzón de su libro “Un Mundo  sin Miedo”; “la historia está jalonada de grandes discursos de justificación y de llamados a la prudencia o a la gobernabilidad para romper los frágiles equilibrios conseguidos a cambio de la no exigencia de responsabilidades a los perpetradores o a que dicha exigencia se produzca con mesura”.

Por lo abarcante de esta sentencia, es innegable que no le luce a nadie su excluyente cuando nos referimos a la impunidad. Sin embargo, a uno se le hace difícil entender por qué gente que puede ayudar al país se escoran en sectores marcados por su venalidad, para protestar por el “desolador cuadro de corrupción” dramatizado por sectores opositores que han entendido que faltan mayores dosis de prevención por parte de este Gobierno.

Bueno, esta “alianza entre enemigos” sólo lo explica el “abajismo rabioso” de quienes como vasallos unen sus pobres fuerzas a un sector político que ha producido los más graves escándalos de corrupción y complacencia con acciones delictuosas ocurridas en la República.

En medio de la ola de protestas  hiperbólicas que recorre los “sagrados recintos de la oposición perredeísta, del Frente Amplio de Lucha Popular y de algunos grupúsculos de mozalbetes con origen dizque de “Sociedad Civil”, no resultaría ofensivo recordar que, en último extremo, estas retóricas manifestaciones no es sino el inicio de otra etapa en la larga carrera azuzada con violencia y con odio que ha tenido que soportar el ciudadano que ocupa la Presidencia de la República por convertirse en su verdugo electoral.

Ejerciendo de guía, el Partido Revolucionario reúne a sectores de izquierda dispersa y diversa, y a gente comprometida con el escándalo, para vertebrar, dicen, un nuevo partido que le brindará bienestar al pueblo. Han lanzado toda una cruzada –alejados del rigor histórico- de ser los genuinos representantes de la transparencia y la decencia administrativa, siendo a su vez corroborado por “instituciones” que se enseñorean como defensores de los intereses patrios, pero con una falta de memoria que es todo un brindis al perdón; sin una sola alusión, e incluso, hacen marchas juntos gritando a todo pulmón para que “se castigue” a los corruptos; pero a los de ahora.

En todo caso, el asunto carecería de importancia si quedara limitado a una simple actuación opositora, pero desafortunadamente no es así y lo que pretenden es que soportemos la indignidad de esta hipocresía  con cínica naturalidad. Siguen aferrados a lo vituperioso, no basta el comportamiento de buenas costumbres del Presidente, “piensan”, sin razón, que el pueblo les creerá la ominosa estrategia de borrar su pasado y de nuevo ser validados. Vienen apoyándose desde 1978 sobre el olvido y la ausencia de memoria, siempre tratando de hacer caer sobre quien le adversa la responsabilidad de su delito.

Por fortuna, sectores sensatos de una población más consciente han hecho un examen de conciencia para dilucidar honradamente si se está contribuyendo en crear un ambiente ciudadano de esperanzas y espíritu de progreso para tratar de superar las dificultades y las lacras de una nación que ha sido hasta permisiva con sus saqueadores.

A pesar de los remolinos de la mezquindad que nos envuelven, resulta esclarecedor lo que persiguen ciertos políticos sin crédito, que han visto una reducción considerable de respaldo electoral, buscando desesperadamente ?¡y los encuentran!? aliados que por una extraña desviación constituyen todo un frente adocenado de combatientes de la corrupción oficial ?que no es de ocultarse?, pero que proviniendo de donde provienen es de considerase como palabrería vana y gestos estériles, mal acompasados.

Atentamente,

Manuel A. Fermín

El Nacional

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