Yo también nací en el 53
Señor director:
Me alegró escuchar al presidente Leonel Fernández destacar la presencia de su hijo Omar Leonel en el solemne y riguroso acto de rendición de cuentas a la nación, el 27 de Febrero. Siempre he considerado el asunto de la familia presidencial como un tema de primer orden. Refrescante, agradable y noticioso, en un país como el nuestro, con arraigadas creencias religiosas y encendida fe cristiana.
Tanto como eso, este detalle me retrotrajo al año 1993, cuando conocí a Leonel Fernández, candidato vicepresidencia del PLD. Como director de Temas, lo entrevisté en su oficina de abogado. Accedió a la entrevista por mediación de nuestra común amiga, a la sazón, Auris Acosta. Fue notable su carácter afable y sereno. Ecuánime y maduro, resaltando su interés por la familia.
En una modesta pero acogedora oficina, atestada de libros, reservaba espacio para las fotos de sus hijos Nicole y Omar, que mostró como padre orgulloso y cariñoso. La niña, de 6 años y el niño, de 2, entonces. Había preparado, especial para Temas, una suerte de ficha profesional y personal, señalando las edades de sus hijos y su estado civil.
Contagiado por su atrayente personalidad, bajo el título Leonel Fernández, en sucesión de relevo, publicamos la entrevista con cintillo de portada y dos páginas interiores, con fotos tomadas en la ocasión, para las cuales posó amablemente para nuestro fotógrafo con mucho gusto para nuestro fotógrafo.
Meses después, el año siguiente, volví encontrarme con Leonel, esta vez en la oficina de prensa la embajada de los Estados Unidos. Estaba acompañado de José Rafael Vargas. Vargas me lo presentó y yo tuve que recordarle que ya le conocía, haciendo referencia a la entrevista, ya publicada.
Estábamos, todos, en procura de la agenda de la Cumbre de Presidentes de las Américas, celebra en Miami, a finales del 94 si mal no recuerdo. Participaron mandatarios del Continente, entre ellos el presidente Balaguer [última cumbre a la que asistió como jefe de Estado].
Durante el evento, tuvimos oportunidades de saludarnos y comentar algunas ponencias, la de Balaguer entre ellas. Recuerdo que Leonel, quien se mantenía, en todo momento, en compañía de Vargas, se refirió al discurso de Balaguer con entusiasmo, calificándolo de pieza magistral, digna de un gran estadista. Reveló que admiraba a Balaguer, a pesar de estar de acuerdo con él. No sé si era sincero o sólo lo decía para agradarme [supongo que ya conocía mis simpatías y militancia política].
Después de esos encuentros, no he vuelto a conversar con Leonel Fernández, excepción de un libro que le envíe en su primer periodo como Presidente, por encargo del jefe de Estadística Oficial, de China, a quien conocí en 1997 en Beijing. Dijo sentirse comprometido con el pueblo dominicano por haber estado aquí un par de veces, teniendo entre sus amigos dominicanos al profesos Juan Bosch. Por este motivo, se sintió estimulado a enviar al mandatario dominicano y discípulo e Bosch un ejemplar de lujo de la Historia en China.
No sé si Leonel recibió este libro como tampoco me enteré de si leyó la antevista publicada en Temas. Nunca me la mencionó, en las en las posteriores ocasiones que nos vimos, aquí y en Miami. Tampoco recibí acuse de recibo alguno referente al libro enviado a través de mí.
Pasado el tiempo, pienso que lo que provocó en mí una cierta simpatía por aquél joven candidato del PLD, hace hoy dieciséis años, tiene que ver más con las coincidencias y sentimientos generacionales de los que habla con mucho acierto Ralph Waldo Emerson, en Hombres Representativos. O, acaso, por el emotivo canto de Ana Belén, inspirado en José Martí:
Yo también nací en el ’53
y jamás le tuve miedo a vivir.
Me subí de un salto en el primer tren
hay que ver en todo he sido aprendiz.
No me pesa lo vivido, me mata la estupidez
de enterrar un fin de siglo
distinto del que soñé.
Atentamente,
Eduardo Álvarez

