Opinión

Los lectores opinan
Bonapartismo en Chávez

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Señor director:
Hugo Chávez sigue siendo un rompecabezas y, desde mucho antes de que fuera elegido presidente de Venezuela, las fuerzas políticas fueron impactadas por el intento golpista de este coronel del Ejército, que sin miramientos por las leyes y la Constitución les dió un aviso del carácter violento de sus ideas. Sin embargo, como no presentaron atención, y por el contrario, alentaron el proceso de no reconocer que, cuando falla una pieza, por insignificante que pudiera parecer, el conjunto se resiste, hoy viven con inevitable ansiedad la humillación chavista.

La violencia verbal vende, y en esto Chávez es un maestro. La historia de la humanidad está llena de sucesos que demuestran que las estrategias moderadas quedan rezagadas ante la avalancha que esgrime el terror expresado en hechos violentos canalizados en las calles o en los medios.

Él ha ganado el debate político venezolano sin tener las  mejores ideas, y con el uso de la fuerza militar que exhibe a la manera identitaria con su formación, y preocupado por las consecuencias de una crisis global que amenaza su pretensa revolución, consigna que lo aleja cada día más del rigor mismo de la Historia, recurre a la intimidación para mermar la moral de sus adversarios. Los apresa y somete a vejámenes y humillaciones como demostrando que odia a los demócratas que quieren mejor democracia; bonapartismo puro (hábil mezcla de fuerza militar y política con promesa de mejoramiento social). Esta es la forma más vulgar de hacer política: lanzar a las calles como sabuesos a sus seguidores contra sus adversarios, que han tenido que recurrir a las protestas en espacio abierto porque no hay respeto por la razón.

La actualidad de cada día, reflejada en los medios, nos presenta los casos recientes que avalan este comportamiento como el del ex jefe de las Fuerzas Armadas, los alcaldes de Caracas y Maracaibo y el asedio a los medios de comunicación, comunicadores e intelectuales insumisos con el Gobierno. Estas represalias de intolerancia quieren sembrar el terror entre sus críticos confinados prácticamente a sus casas o al exilio, aterrorizados dentro de una supuesta democracia auxiliada por el “tigueraje” callejero.

Episodios típicamente cicateros que ponen de relieve que en el fondo no cree en la apertura, y al mismo tiempo, identifica la tibieza de la opinión pública latinoamericana que no ha sido capaz de denunciarlo. En casi todo el mundo creen en la banalidad de que los tutelados por Castro son “progresistas”, y que cuando tienen que reprimir o invocar su defensa no se consideran represivos, porque no lo hacen por inclinación hacia el mal, sino a título de defensa revolucionaria. Por pura pasión, ninguno mata un mosquito.

Sus ansias identitarias como anti norteamericano se fomentan con el ruido; todo es personalismo, oportunismo que abraza el nacionalismo pero colgado a un internacionalismo rancio e impracticable que solo sirve para inquietar a Estados Unidos. Su misión es seguir en el poder repartiendo anatemas “ideológicos”, demonizando a los contrarios y dejando bien claro que adscribirse al Régimen  es el mejor salvoconducto al medro personal.

Pero la caída del precio del petróleo amenaza su economía distributiva no reproductiva e inflacionaria, sube el IVA de 9 a 12%, suma 12 mil millones de dólares a su deuda pública interna de 34,000 millones por la emisión de bonos del Estado. Cuando celebró el plebiscito utilizó de las reservas 8 mil millones de dólares por cubrir el déficit fiscal y ahora enfila más los cañones a los medios de producción para su “nacionalización”. Proceso éste para ganar aplausos en un populismo anacrómico y desacreditado.

Atentamente,
Manuel Fermín

El Nacional

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