Maldición de la impunidad



Impunidad se refiere a la falta de castigo, que a su vez es la pena que debe imponerse a aquel que ha cometido un delito, y se imputa también como falta accesoria contra la autoridad que deliberadamente, por negligencia o inobservancia permite que el infractor escape a la sanción condigna al crimen perpetrado.
El 4 de enero de 1985, hace 34 años, desconocidos asesinaron al casacambista Héctor Méndez y su chofer Napoleón Reyes, suceso que consternó a la opinión pública y desató múltiples conjeturas en torno a los motivos de ese doble crimen.

A pesar de la repercusión que produjo ese caso, el expediente se mantuvo congelado durante 21 años, hasta que el juez José Alejandro Vargas envió por ante un tribunal penal al exteniente de la Policía Uladislao Bautista Rodríguez (“El Hippie”), acusado de la muerte de Méndez y Reyes.

Ese expediente criminal se complicó aún más con el asesinato de los hermanos Patricio y Etanislao de la Cruz Gálvez, de quienes se dijo conocían la identidad de los asesinos de Méndez y su chofer, por lo que el magistrado Vargas también envió por ante un tribunal criminal a Juan Bautista Peguero Santana (Mayo), Daniel Jorge Infante (El Karateca), muerto en 1991.

También fueron encartados en ese expediente Rafael Vargas Cruz (Rafelito Boca de Cueva), Pedro Alejandro García Berry, asesinado a tiros en Nueva York en junio de 1996, y Pedro Sánchez Díaz, todos señalados como supuestos miembros del denominado Comando de la Libertad.

La presidenta del Tercer Tribunal Colegiado del Distrito Nacional, Alina Mora de Mármol, intimó en 2008 al Ministerio Público para que presentara formal acusación y orden de pruebas contra los imputados, pero la Fiscalía alegó trabas burocráticas para justificar desinterés o alentar impunidad.

Más de tres décadas después de perpetrados cuatro asesinatos atribuidos a un supuesto Comando por la Libertad, la impunidad parece haber hecho metástasis en el vientre del Ministerio Público y el Orden Judicial, porque son muchos los casos de asesinatos, prevaricación, narcotráfico y crímenes económicos que deliberadamente perimen en las gavetas judiciales.

Los asesinatos de Héctor Méndez, el chofer Napoleón Reyes y de los hermanos Patricio y Etanislao de la Cruz Gálvez seguirán arropados por la impunidad, una maldición que todavía al día de hoy agobia a la sociedad dominicana y se erige como el mayor estímulo al crimen y a la violación del estado de derecho.