Marcos Yaroide, cantante, compositor y pastor de los Ministerios La Vid, sobre una cuidadísima producción, “Dios es amor”, apostó al éxito a la calidad de los temas y el tono grave, singular y genialmente modelado de su voz.
Dios es amor fue el fin de semana más que un concierto cristiano de altos vuelos. En que convocaba, el espectro lumínico y las imágenes de fondo, la consistencia de la orquesta, las coreografías ágiles, de precisa coordinación y hasta de sensualidad y gracia.
El factor de atracción del evento, era la actuación de Yaroide, quien ha entendido la importancia de vivir y proclamar un cristianismo esencial, que no se condiciona a los esquemas de vestir y apariencia conservadores de los cristianos ortodoxos, muchos de los cuales incluso rechazan los ritmos modernos para cantar a su Salvador.
Cuando se le ve, lo que siente el público es estar en presencia de un artista de buena estampa en escena: buen telar, corte de pelo moderno, pulsas y zapatos de brillo sin medias, todo cuando pueda ser distante de la imagen tradicional de un pastor evangélico. Viste bien, y con criterio moderno.
Yaroide canta extraordinariamente bien y lo hace sobre las alas de una poesía no rebuscada en sus textos y el estilo ciertamente único del artista establece un firme contacto inmediato con el público.
Los éxitos se suceden: “Amén”, “Todo se lo debo a él”, “Mi mejor alabanza”, “Estoy de pie”, “Mi trabajo es creer”, “Que se abran los cielos” y “Como nunca imaginé”, “La vida es”, “Tengo fe”, “No hay otro Dios”, “La fuerza de este amor”, “Lo eterno me llama”, “Ese era yo”, “Cierro mis ojos” y “Impresionado” , entre otros títulos de su repertorio, sustentados por una orquesta de 10 músicos, ocho bailarines que coreografiaron ocho o nueve actuaciones, con una intensidad, coordinación y gracia, admirables, sobre todo las bailarinas que rompen el mito de la estatura para lucirse en escena. Simplemente extraordinarias.
La producción en torno a la cual se interpretaron las canciones, estuvo a cargo de René Brea, y desde luego que fue fuera de toda normalidad rutinaria. Un diseño de luces imágenes, con formas y colores, luces láser, una reproducción de sonido limpio, reverberante cuando era preciso y en el nivel de intensidad preciso para seducir.
Anunciado
Aun cuando fue anunciado para iniciar a las 8:00 de la noche, no fue hasta cuando faltaban unos minutos para las 9:00, cuando se inició el espectáculo, con el impacto de una producción de René Brea, cuidada al extremo y en cada etalle. Pero el inicio del sábado fue muy tarde.

