¿Qué Pasa?

Marea humana en primer día de la exposición universal de Shanghai     

Marea humana en primer día de la exposición universal de Shanghai     

SHANGHAI, China.  AFP.  La exposición universal de Shanghai, la más grande de todos los tiempos, abrió sus puertas hoy a centenas de miles de visitantes, que soportaron con buen humor las horas de espera necesarias para visitar los pabellones más frecuentados, como los de China y Estados Unidos.

   La marea humana que invadió la Expo, al día siguiente de una espectacular ceremonia de apertura con decenas de miles de fuegos artificiales, rayos laser y juegos de agua, era en un 95 por ciento china.    Las 500.000 entradas en venta, un tope fijado por razones de seguridad, se vendieron rápidamente, a pesar de su elevado precio, 200 yuanes (unos 27 dólares), indicaron los organizadores.    «El tiempo de espera es de cuatro horas», indicaba al mediodía un cartel luminoso en la entrada del pabellón estadounidense, delante de la cual se había formado una cola de varios cientos de metros.    A las puertas de los pabellones de los 189 países presentes serpenteaban largas filas de espera multicolores debido a las sombrillas que los visitantes llevan consigo para protegerse del sol.    El pabellón chino, una pirámide invertida roja que domina la exposición por su altura y su tamaño -equivalente a 35 campos de fútbol- tuvo que suspender la venta de entradas ante la afluencia de gente.    «Cuando llegamos a 50.000 entradas, suspendemos la venta», explicó Shen Shanshan, voluntaria que se ocupa de recibir al público.    «Creo que va a ser el pabellón más popular. Muestra la creatividad y el espíritu chino», agregó Shen, mostrando en el interior del pabellón las filas en los stands regionales, que exaltan las peculiaridades de cada una de las provincias y regiones chinas.    En el stand del Tíbet una cantante vestida con vestido tradicional cantaba delante de un decorado gigante de montañas nevadas, y en el de Mongolia interior se podían mirar inmensas esculturas de caballos blancos.    Los pabellones de Canadá, Estados Unidos, Francia y Suiza, los más audaces arquitecturalmente, figuraban entre los más visitados.    «¡Cuánta gente!», exclamó Cindy Sui, una malaya que esperaba su turno de ingreso al pabellón canadiense, un edificio de madera oscura.    «Hoy también quiero visitar los de Francia e Italia pero no sé si lo lograré», comentó Cindy Sui.    Los visitantes occidentales eran muy pocos, en su mayoría integrantes de las delegaciones oficiales que en la víspera habían participado en la ceremonia de apertura.    La Expo 2010, que durará seis meses, ocupa un sitio muy extenso, cuyo panorama, futurista, tradicional, ecológico y étnico a la vez, se puede apreciar desde una larga arteria aérea por la cual circulan vehículos eléctricos.

El Nacional

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