¿Qué Pasa?

Martha Heredia

Martha Heredia

 ¿Por qué el triunfo de una jovencita en el exterior  deviene en una apoteosis frenética y en un espíritu triunfal que nadie esperaba, apenas unas horas antes, como si la artista hubiera descubierto ella sola un nuevo planeta habitado?

Las respuestas pueden ser múltiples y se pueden aventurar algunas hipótesis fiables.

Pueden haber consideraciones lógicas y sociológicas, amén de cualquier otra que surja en el camino.

Pero hay realidades que construyen esa emoción por medio de la cual un país queda en vilo pendiente de una jovencita en el exterior, en un escenario como si nadara para quedar en el centro de los acontecimientos.

La gente está sedienta de alguna épica que la salve del tedio, de estos calambres y del dolor.

Narcotráfico, violencia, dudas, crisis económica, desabastecimiento, incredulidad; todo golpea al pobre que es quien aporta espíritu a las cosas y a la vida, en definitiva.

Sino véase de dónde sale el tango, el folclore, el carnaval, el merengue, la fiesta popular.

Emerge de manera casi ritual del corazón de la pobreza y así ha sido siempre.

De más en más, el dominicano y su dominicanidad han sido tratados como parias que salen a aventurar donde les coja la noche fuera, sin que nadie diga que se debe a desigualdades internas que  nadie ha querido resolver.

A) En aeropuertos del exterior, le “cucutean” hasta las nalgas, bajo la idea de una inclinación a la delincuencia que no hace justicia a su  espíritu de trabajo honrado, que lo tiene la mayoría de los criollos.

B) Está acostumbrado a caer.

C) Está acostumbrado a naufragar y a la denostación.

D) Tiene que soportar hasta que lo acusen de esclavista y abusador.

E) Porque no se ha acostumbrado y no ha asimilado lo suficiente que aquí dentro, en su terruño adorado, también se puede triunfar y ser profeta de los buenos.

F) Porque se tiene que tragar las lágrimas bien lejos, sin encontrar defensa,  apenas en sus representaciones consulares por lo general llenas de recomendados.

G) Colocado en el vórtice de una realidad convulsa y violenta, aflora la bondad de la gente, su aspiración intrínseca de ser mejor.

No se es mejor cuando se ignora que ya se era antes de tomar conciencia de ello. No se es feliz cuando no se entiende lo que significa la felicidad.

El dominicano vive ese sentimiento trágico de que le invaden, (percepción que pasa de sentimiento a realidad), de que le maltratan porque es pequeño y de que le golpean porque no ha aprendido a defenderse como se debe.

 Se puede parodiar a la inversa la frase del astronauta aquél, el que invadió la luna: “Un pequeño triunfo para una muchacha inquieta y decidida, un gran triunfo para la dominicanidad, que no es una identidad en sí sino un momento histórico”.

Y para la latinidad porque en el trasfondo de todo, no hay derrotados.

El Nacional

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