Opinión

Máximo Gómez, un gigante

Máximo Gómez, un gigante

Los dominicanos no conocen en su verdadera dimensión al generalísimo Máximo Gómez. Lo hemos valorado tan poco, que hasta muchas enciclopedias modernas lo describen como un héroe cubano.  Y, aunque don Juan Bosch lo reconoció como el Napoleón de las guerrillas y como un gigante de la historia, lo cierto es, que el ilustre hijo de Baní, es un desconocido para la juventud dominicana.

Aunque algunos resentidos no le perdonan a nuestro compatriota el haber combatido del lado español en una etapa de su vida, olvidando que Toussaint Louverture, una vez tuvo que combatir al lado de los franceses, ignoran, que el Libertador de Cuba dio ejemplos conmovedores de amor por su República Dominicana. Requiere importancia que los jóvenes dominicanos sepan que Máximo Gómez tenía opción a la ciudadanía cubana, por haber participado en las guerras de independencia de los diez años, 1868-1878 y en la  de 1895-1898.

Estas participaciones heroicas le brindaban la oportunidad al genio de Gómez, de ocupar la presidencia de la República de Cuba, como tantas veces se le ofreció. Sin embargo, el ilustre libertador respondió así: »El diapasón de la política es demasiado fino, para una persona acostumbrada a oir sólo el de la guerra». Y agregó, estas palabras imperecederas, que sus atacantes desconocen: »Soy dominicano y no puedo dejar de serlo, porque la República Dominicana es mi patria».

Gómez sintetiza el ideal de la libertad y del internacionalismo, por eso, resiste todo tipo de crítica de quienes no se han ocupado en conocerlo a profundidad.

El nombre de nuestro Napoleón está ineludiblemente unido al del apóstol cubano José Martí. Ambos dieron ejemplos al mundo de amor a la humanidad, pero sobre todo, de honradez y desprendimiento.

Martí tuvo que emplearse a fondo para conquistar la adhesión de Gómez a la empresa revolucionaria cubana, pues, hubo momentos cruciales, en que ambos líderes, no compartían la misma visión en la manera de conducir la revolución. Gómez, el de mano fuerte, el de arengas patrióticas que motiva las batallas, solo a cambio de la gloria y la libertad de los pueblos y Martí, el visionario, el artista de las palabras, que hacía llorar a las piedras, cuando se trataba de conmover mediante las palabras para unir voluntades a favor de los pueblos de América.

Martí comprendió, en un momento dado, que había que cambiar la palabra por la espada, y convence al héroe dominicano, solamente a cambio de la ingratitud de los hombres. Un sábado 17 de junio de 1905, Máximo Gómez entrega su nombre a la posteridad y destaca don Pedro Henríquez Ureña, que fue un entierro colosal, pues todos los cubanos asistieron a darle el último adiós al ilustre dominicano, que nunca perdió en el campo de batalla ni siquiera, una escaramuza.

El Nacional

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