Miguelina Terrero
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“Vacío existencial” es talvez una de las frases profundas, que hoy en día se usa más a la ligera. La mayoría de personas se la atribuyen a otros o a sí mismos, sin saber exactamente su significado.
¿Qué es en realidad un vacío existencial?
“Los seres humanos solemos utilizar el término vacío para describir en ocasiones, una sensación que no logramos comprender, donde sentimos que la vida no tiene sentido o razón de ser”, explica la sicóloga Olga María Renville, del Centro Psicológicamente.
Renville dice que muchas personas describen el vacío existencial como “ese algo que me hace falta pero que no sé lo que es”, sensación que suele generarse en procesos de transición en la vida del ser humano, donde termina una etapa e inicia otra.
En la adolescencia, que es como una carretera en la cual el individuo pasa de la niñez a la adultez, suelen ocurrir muchos cambios de forma simultánea. Cambios físicos, psicológicos, emocionales, espirituales y en todas las áreas del desarrollo. El joven comienza a cuestionar y validar la información que ha recibido hasta el momento proveniente de sus padres y maestros e inicia una nueva conceptualización de lo recopilado hasta entonces. Es por eso que en esta etapa es común tener la sensación de que falta “algo”, llevándoles en ocasiones a sentir confusión, explica la profesional. “Usualmente cuando las personas experimentan la sensación de vacío, suelen buscar respuestas en el mundo exterior a través de realizar actividades nuevas y en el caso de los adolescentes, podrían intentar probar o experimentar situaciones de riesgo para las cuales aun no han desarrollado defensas emocionales ni psicológicas, lo cual hace que queden atrapados en adicciones y conductas autodestructivas”.
La psicóloga analiza que al igual que en la adolescencia, la sensación de vacío puede sorprendernos en otras etapas posteriores, inclusive en medio de una vida llena de éxitos materiales y aplausos.
Aconseja que tener claro que la solución no se encuentra fuera, sino dentro de nuestro ser, en la búsqueda y el encuentro con nosotros mismos a través del cual podamos sanar heridas, organizar nuestras emociones y sobre todo rescatar los valores espiritules y humanos, a fin de lograr un equilibrio sano.
“Aprender a crear mecanismos de soporte en nuestro interior para lidiar con los cambios y dificultades que nos reservan los tiempos en que vivimos, enfocando nuestras vidas de forma positiva”.

