Las pocas expectativas ante los resultados de los próximos comicios, aseguran que no habrá sorpresas; y las lecturas que arrojará el proceso, prometen ser, además de interesantes, aleccionadoras, en tanto le permitirán, hasta al ciudadano ordinario, hacerse una idea del grado vergonzoso de involución a que ha llegado el criterio electoral de los dominicanos.
Es de justicia apuntar que esa involución, no fue espontánea. Fue inducida por el clientelismo vulgar que hace tiempo viene patrocinando el gobierno con la utilización de los recursos del Estado, a través de unos solidarios programas sociales que cuando no comprometen, prosternan o humillan.
No es un simple juego. Es un juego político; y ya no se trata de que el fin justifique los medios. El propósito es que los medios proporcionen lo que se procura; y las razones para lograrlo, no sólo abundan. Son el leit motiv de un proyecto de perpetuidad en el Poder, paradójicamente auspiciado por la torpeza inverosímil de gente cuya estupidez no tiene parangón.
Digo que no habrá sorpresas, y no las habrá. La tosquedad de los opositores al status imperante condicionó su estrategia a la eventualidad, y eso, en política, no admite justificación. Es como aquello de avisar la guerra. Hace varios meses, advertí sobre el error, y la cantaleta siguió. Me consuela que la razón siempre está de un solo lado, y que el 16 de mayo está cerca.
Una de las lecturas del proceso, es que nunca antes el populismo clientelista tuvo tanta razón de ser, a pesar de la perversidad de su práctica. Los estrategas perredeistas aún no asimilan que el presidente Leonel Fernández hoy está en el Poder, gracias a la conveniencia de un señor que, para escarnio del partidismo decente, aún pretende gravitar en la política nacional.
Otra, es que ese señor es quien le permite al doctor Fernández, cuando se alce con el santo y la limosna en las próximas elecciones, demostrar que es el único discípulo de Bosch que conceptuó el juicio político-pragmático que externara en el histórico debate de 1962 con el padre jesuita Láutico García: Saber gobernar, es mantenerse en el Poder

