Micky Montilla, con excepción de algunos papeles secundarios sobre todo en comedias de cine, había estado por algunos años, desterrado del teatro. Pero eso ha terminado.
El pasado fin de semana, por medio de una comedia romántica (Sol y Luna, Jose Enrique Pintor) y un monologo de café teatro (Irene), en el bar Juan Lockward del Teatro Nacional Eduardo, se produjo en grande un retorno artístico que necesitaba y merecía. Nunca debió haberse ido, pero “el corazón de la auyama…”.
Miguel Ángel Montilla Genao, (Micky) se estableció como una marca teatral personal caracterizada por un talento desternillante, con la facilidad para establecer esa conexión con el publico a partir de un talento que dejaba impactada la gente que acudía a sus representaciones.
El pujante desarrollo del cine, lo sacó de las zonas iluminadas por las luminarias del teatro y lo llevó a los espacios de la preproducción de cine, sobre todo haciendo selección de actores, eufemísticamente llamada “castings” y orientando de jóvenes actores.
Pero ya. Esa ausencia ha terminado. Los tiempos de un Micky Montilla desternillante, fluido y con un dominio excepcional tanto del expresividad corporal y su manejo versátil de la entonación y velocidad de su discurso verbal.
Irene, texto y dirección del Víctor Datt, es un espectáculo en esta modalidad teatral imperdible en las presentaciones que le restan en febrero y que toma como trama un tema que da para todo: los concursos de belleza.
Montilla es una estrella que sabe moverse en las agitadas aguas de un género escénico que tiene sus normas: interactividad, risa continua, escenografía simplísima llamada a ser efectiva y vestuario que ubique y sirva al propósito general del acto creador.
Montilla se mueve en sus aguas, pese a que la carga de humor es tan grande que llega él mismo a reírse de de lo que hace, situación que debe evitar en las funciones que le restan, pero hasta eso le queda bien, pese a ser un pecado en escena.
UN APUNTE
Precursor
Micky Montilla, junto al vasco-dominicano Juan Carlos Campos Sagaseta de Ilúrdoz (Koldo). Poeta, narrador, publicista, actor, dramaturgo, guionista y periodista, fue responsable de dar impulso en el país al café teatro como género, con montajes que impactaron en los años noventa.

