Miosotis  y la recompensa del mejor beso



Son los gestos, más que las palabras, las que ponen de manifiesto el amor entre dos personas, y es quizás eso lo que a través del tiempo hace que el mundo del espectáculo valore al salsero Michel y su esposa Miosotis, como una pareja estable que se manifiesta cariño, independientemente de la cantidad de personas que los estén mirando.

Y es que aunque se pueda pensar que es ensayado, cada vez que Miosotis sube a escena a secar el sudor de su esposo mientras éste canta y baila, ella recuerda y busca un beso inolvidable, como el que recibió la primera vez que tuvo este gesto.
Ella cuenta que la primera vez que secó el sudor a su esposo en escena él estaba en una presentación de televisión, y las luces de las bombillas lo hacían sudar. Ella, preocupada siempre por cada detalle de él, no reparó en entrar, sacar su pañuelo y secarle de la cara las gotas de sudor que ya corrían.

“Fue un gesto espontáneo y él me recompensó con un beso, que fue el beso más dulce que he recibido y una gran sorpresa en público, porque no lo esperaba”, recuerda Miosotis, quien está pendiente siempre de cada detalle, como la ropa, el pañuelo de sus trajes, las chaquetas.

La hermosa rubia confiesa que tiene un buen esposo y Dios les ha premiado con permanecer juntos, pues los dos piensan que la familia es lo más importante, el tesoro más grande que el creador les ha dado.

Tolerante y guerrera

El Buenón, como es llamado en el ámbito artístico, califica a su esposa como una mujer tolerante, pasiva, pero a la vez guerrera porque se hace cargo de todo lo referente a las finanzas y la organización de sus negocios, trabajando día y noche, por lo que anda siempre con una laptop.

“Ella me tolera en parte que soy un hombre nervioso cuando tengo hambre, porque siempre andamos juntos. Cuando estamos en casa ella me prepara algo siempre, la veo lenta y ella entiende que me desespero demasiado”, confiesa.

Michel cuenta la anécdota de que doña Cristiana, su mamá, le daba dos jarros de leche, pero primero le ponía uno y un pan y cuando terminaba, mientras su madre estaba ocupada, el gritaba y se halaba los moños para que le pusieran el otro.

“Mi esposa tiene comprensión, porque uno no es un santo, pero también como hombre aprendí a ser responsable y cuidadoso. Me da mucho miedo hacer lo malo, me dan miedo los alborotos, soy valiente y guapo para no buscarme problemas. Trato de tener un gran corazón, porque si usted quiere que lo ayuden, usted debe ayudar. Lo que siembras hoy, lo cosechas mañana”.