Desde la década de 1960, la impunidad del delito de Estado ha sido identificada en República Dominicana con la falaz consigna borrón y cuenta nueva. En Estados Unidos, una consigna igualmente falaz: Mirar hacia delante y no hacia atrás, es utilizada para denominar el mismo engendro.
Mirar hacia delante y no hacia atrás, es una consigna falaz, puesto que, en el informe sobre terrorismo que presentó recientemente el Departamento de Estado, funcionarios de hoy estampan sus firmas en informaciones y consideraciones elaboradas por colaboradores de George W. Bush.
Este informe, el primero de su tipo que firma Hillary Clinton, Cuba sigue en la lista de países patrocinadores del terrorismo, y se dice que la simpatía de Hugo Chávez hacia las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, le impide colaborar con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo.
Suavizando algunas expresiones, Hillary Clinton y Barack Obama se comprometen con líneas de acción diseñadas en el pasado. En el caso de Cuba, siguen vigentes las sanciones. En el de Venezuela, continúa la prohibición de venta de armas y de tecnología militar por parte de Estados Unidos, dispuesta en el año 2006 por la calificación de país que no colabora en la lucha antiterrorista.
¿Es eso mirar hacia delante?
Destaca el informe que en Cuba hay miembros de grupos insurgentes como el Ejército de Liberación Negra y el Ejército Popular Boricua, conocido como Los Macheteros.
Si durante décadas el Gobierno de Estados Unidos ha protegido a Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, responsables de la voladura de un avión cubano, ¿hay delito en evitar que independentistas boricuas y luchadores contra el racismo terminen sus días como Filiberto Ojeda Ríos, asesinado por el Buró Federal de Investigaciones, FBI, en septiembre del año 2005?
¿No estamos, acaso, ante la reiteración del mismo concepto de terrorismo que ha impuesto la ultraderecha y que, por supuesto, manejó la Administración Bush?
Mirar hacia delante y no hacia atrás, es la consigna con que Barack Obama y el fiscal general Erick Holder justifican la decisión de no actuar contra quienes autorizaron torturar a sospechosos de terrorismo.
Obama hizo divulgar documentos que revelan que Condoleezza Rice, siendo asesora de Seguridad en el año 2002, autorizó el uso de métodos de interrogatorio alternativos, que es el nombre eufemístico de la tortura. John Ashcroft, como secretario de Justicia, y su asistente principal, Jay Bybee, fueron informados de la aplicación de estos métodos.
¿Se propone Obama neutralizar a los responsables de esta aberración en lugar de someterlos a juicio, como obliga la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura? ¿Qué otro motivo, si no la existencia de un pacto político con la ultraderecha, puede conducir al presidente de Estados Unidos a actuar de este modo?
El jefe de Gabinete de Obama es el sionista Rahm Emanuel, agente de los servicios de inteligencia de Israel. Igual que el fiscal general Erick Holder y que el propio presidente Obama, ha asumido el discurso de no mirar hacia atrás. ¿No es el término irresponsabilidad un calificativo suave para esta postura, que es de complicidad con la violación a los principios fundamentales del derecho y de la convivencia civilizada?
En la Administración Bush fueron juzgados soldados que aplicaron torturas en Irak sólo para satisfacer apetencias aberrantes. Obama se comprometió a marcar la diferencia. No lo ha hecho, porque, en lugar de cumplir con la población que votó por el cambio, cumple con la ultraderecha que apostó a la estabilidad.
¿Qué código moral consigna que para mirar hacia delante hay que abrazar la impunidad? ¡Va Estados Unidos adelante violando, como siempre lo ha hecho, los acuerdos internacionales? ¿Son intocables Condoleezza Rice, Dick Cheney, Jay Bybee y figuras similares? ¿Tienen derecho, como cualquier otro norteamericano, a violar las normas fundamentales? ¿Con qué derecho pretende Obama validar ante el mundo semejante retorcimiento?… Los adjetivos pueden no figurar, pero esta pretensión lo califica.

