Opinión

Montesinos

Montesinos

Siempre que camino por el malecón le pido excusas mentalmente a Montesinos, aunque su abandono es sintomático de una enfermedad nacional que se reviste de una falsa cordura, y de una falsa prédica.  No hay cronista social o dama burguesa que hoy no insista en hacer pública profesión de una fe que deja mucho que desear, sobre todo cuando se conversa entre tragos, pantalones bermudas y comilonas en penthouses, o lujosas viviendas.

Entonces saludo su Sermón de Adviento que parece escrito para hoy:

“Yo soy la voz de Cristo que clama en el desierto de esta isla y, por lo tanto, conviene que la oigais con toda atención…  Todos estais en pecado mortal y en el vivis y moris por la crueldad con la que tratais estas inocentes gentes.

Decid, ¿con que derecho y con que justicia teneis en tan horrible servidumbre a estos pobres? (los indios ya fueron exterminados)…Con que autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacificas…, consumido en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren (les recuerdo el auge actual de la tuberculosis en la clase trabajadora) y, por mejor decir, los matais por sacar y adquirir oro cada día? …

¿Estos no son hombres?  ¿No tienen almas racionales?  ¿No estais obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendeis? ¿Esto no sentis? ¿Cómo estais en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos?  Tened por cierto que, en este estado en que estais, no os podreis salvar…”

Antonio de Montesinos, llamado el nuevo San Pablo,  era parte del primer grupo de dominicos  que llegó a La Hispaniola en septiembre de 1510.  Con él vinieron Fray Pedro de Córdoba, (posteriormente profesor de Fray Bartolomé de las Casas) y Fray Domingo de Villamayor, todos con vocación profética, según el hoy maestro de la Orden: Fray Carlos Azpiroz Costa, que intentaba leer la palabra de Dios en contacto con los acontecimientos a través de los cuales Dios también quiere decirnos algo, los llamados signos de los tiempos.  Praxis  que evita la rígida e infecunda polarización fundamentalista propia de una teología maniquea.  “No basta simplemente con custodiar la fe” nos advierte, en su mensaje de Navidad y Año Nuevo del 2010, sino  descubrir la responsabilidad que ese conocimiento de la fe exige e impulsa”.

Comencemos a evidenciar  por lo menos  respeto  a la memoria de Montesinos,  rehabilitando el espacio donde  se encuentra su estatua  y convirtiéndolo en jardín y centro juvenil, donde la biblioteca sustituya  las drogas y los cantos gregorianos el trasfondo de prostitución y explotación sexual de la niñez de la calle.

Sería nuestro primer reconocimiento al Sermón de Adviento, del 21 de diciembre de 1511, del cual se cumplen  quinientos años, precisamente este diciembre próximo.

El Nacional

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