Movimientos y manifestaciones literarias dominicanas



Cualquier hecho, en el orden que fuere, debe medirse por su resonancia futura, pero si no pasa de ser una bulla que hace en el momento de aparición, y al olvido va a dar, pasa a ser dominio del manual correspondiente y curiosidad del estudioso.

Es el caso de los movimientos literarios dominicanos y manifiestos, ¿les han servido a los jóvenes y no tan jóvenes escritores dominicanos? A no ser leerlos y olvidarlos. Todavía está por averiguarse si sirvieron de algo a su tiempo y al posterior. Si alcanzaron a alguien, incluyendo a sus estudiosos y poetas, esas propuestas de despertar espiritual, con sus secuelas en la escritura, que ni ellos mismos lo asumieron como lo plantearon y su tiempo lo vio como “locuras” y como autobombo de sus creadores.

El Vendrinismo, de Virgil Díaz; Postumismo de Moreno Jimenes; Poesía Sorprendida, con su símbolo, Mieses Burgos y el Pluralismo de Manuel Rueda, (este último, fue Sorprendido, negándolo décadas más tarde, creando el Pluralismo).

Un dato curioso a destacar, al hacerse público el nacimiento del Pluralismo, sus compañeros de la primera aventura no aparecieron firmando el manifiesto. No se sabe si Rueda los invitó a participar en su propuesta. En esencia, todo movimiento busca crear su propia tribu para aullarles a la luna y no “¡Chillen putas!”, como debe ser.

Otro elemento a destacar tiene que ver con las personalidades de los fundadores de cualquier movimiento, un tanto complicadas, sin importar que luego se les canonicen y se termine por participar en sus propuestas de “locos mansos”.

Por disparado que fuera Manuel del Cabral, en su manera de entender y escribir poesía, nunca se le ocurrió crear un movimiento para “gobernar” sus impulsos creativos y ni decir, Pedro Mir, Hernández Franco (que no llegó a madurar una creación posterior en el orden del Poema Yelidá), e Incháustegui Cabral, etc., pero sí lo hizo Manuel Rueda, estando vivo Mieses Burgos y todos sus compañeros de la primera aventura sorprendida.

Al igual que los que dirigían Cuadernos Dominicanos de Cultura, que regenteaban un sector de la cultura dominicana, tres de ellos, Incháustegui Cabral, Contín Aybar y Hernández Franco, pertenecieron a su dirección, estuvieron más cerca del Postumismo que de los Sorprendidos en su manera de entender la poesía.

En el caso de Gatón Arce y Cartagena Portalatín, aunque su poesía evolucionó hacia otros linderos, después de Vlia y de Víspera de sueños “Estética Sorprendida”, a años de luz, el primero siguió publicando con el logo de la Poesía Sorprendida, es decir que le fue fiel al movimiento toda su vida, contrario a Aída.

En el caso de la narrativa dominicana, no resbalaron en ese delirium, de crear movimientos ni manifiestos literarios para ponerle un bozal a un caballo que a veces ni a paso fino alcanzaría. Hubo sus excepciones, que son necesarias, y me refiero al Pluralismo, en el que suscribieron uno que otro narrador, pero hasta donde se sabe, no hay una novela Pluralista, envuelta en planteamientos de Gestapo, pues eso es lo que es cualquier camisa de fuerza para la creación, planteada como guía, llamado movimientos literarios y sus manifiestos.

La poesía es libertad, atarse es condenarse. Quizás uno que otro escritor se adhirió a tal o cual movimiento para “A quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.

Los verdaderos creadores gozan de una independencia espiritual mayúscula, que es la que termina por generar las obras de calidad condenada a no perecer y de perecer, algo aportan. Recuérdese el Boom, fenómeno literario-comercial, que, sin el talento creador de cada individualidad, la trascendencia que tuvo, era imposible.

Los manifiestos y movimientos literarios dominicanos solo han servido para engordar el ego de sus creadores, sin importar lo inofensivos que parezcan. Encierran individualidades enfermas, que en la creación literaria es válida, siempre y cuando no se propague como epidemias.

La independencia en la creación es la que da luz para, si nos toca, encontrar el camino. No nos hacemos buenos escritores andando en pandillas, a no ser la del respeto de cada quien, cosa que es casi imposible cuando coalicionan los egos del novelista, cuentista, poeta, no se sabe en qué región del cerebro, etc.
Los movimientos y manifiestos están supuesto a producir obras “revolucionarias” en el orden del crecimiento espiritual que redunda en escritura, que un solo, casi siempre, redacta y otros firman y en nada ayudan a las obras por escribir.

Buscan domesticar algo que no ha nacido, pues solo crean desvaríos y delirios de grandezas, que en solitario no altera sino al propio yo como sombra de arena.
El autor es escritor.