FLORIDA, Puerto Rico. Pido a Dios fuerza para seguir y corazón para perdonar.
Así exclamó entre lágrimas Aidé Sánchez al despedirse al mismo tiempo de su hijo y de su madre, dos de las víctimas de la fatal tragedia de Año Nuevo en el pueblo de Florida que hasta ayer había cobrado la vida de cinco personas y tenía hospitalizadas a otras tres.
Mi hijo fue un ser humano maravilloso. Yo sé que va de la mano de mi mamá. Rezo a Dios para que encuentren la paz y esa paz nos llegue a nosotros, porque no es fácil pasar por esto, dijo con aplomo la mujer, quien fue consolada por un gentío de compueblanos, familiares y amigos durante los actos fúnebres celebrados ayer en la tarde en el cementerio municipal.
Durante la mañana, decenas llegaron a presentar sus respetos a la familia de Samuel Molina, quien fue velado en la cancha bajo techo de las Parcelas Arroyo. Lo mismo ocurrió en la Funeraria Emanuel, donde permaneció su abuela, Josefina Díaz, de 86 años.
En el vestíbulo, su viudo Justino Sánchez se aferraba a un retrato de su esposa. Uno no espera pasar por esto, repetía sin soltar la imagen que por momentos se detenía a observar.
Cerca de las 2:00 p.m. partieron las comitivas desde ambos puntos hasta el camposanto. Primero llegó el féretro de Samuel, que fue cubierto con la bandera puertorriqueña.
Frente a él, uno de sus hermanos narró entre lágrimas lo importante que era Samuel en su vida. Me daba fortaleza cada vez que yo la necesitaba Nunca te lo dije frente a nadie pero te lo voy a decir ahora frente a todo el mundo: te amo con mi vida, para siempre, delante de Dios, dijo compungido y prometió estar siempre al lado de la esposa de su hermano, Glorimar de Jesús, y los dos hijos de la pareja.
En primera fila, la viuda observaba moviendo la cabeza en gesto de aprobación a las palabras de su cuñado. Más temprano en el día, la mujer de 27 años sostuvo que tenía los ojos secos porque entendía que Dios la estaba agarrando.
La viuda recordó que la noche de la tragedia el presunto autor del siniestro y tío de su marido, Justino Sánchez Díaz, le insistió para que asistiera junto a sus hijos a la reunión familiar que había organizado y que culminó en la terrible escena de llamas y humo.
Esa persona insistió en que yo fuera para allá junto a mis hijos diez minutos. Y en diez minutos fue que pasó eso, señaló consternada al revivir los gritos del alma que le alertaron respecto a lo que ocurría.
Había que estar allí para ver la tragedia que fue eso. Impresionante. No se me olvida, sostuvo, por su parte, William Picón Rivera, uno de los vecinos que acudió a la casa para ayudar a las víctimas.
Además de Samuel y doña Josefina, murieron a causa del incendio Jesús y Pamela Sánchez Vázquez, sobrinos del incendiario, y Kate Donahue, prometida de Jesús. Resultaron heridos de gravedad su hermano, Pedro Sánchez Díaz; la esposa de éste, Nereida Vázquez; y su otra hija Pamela Sánchez Vázquez, quienes aún permanecen en el Centro Médico de Río Piedras.
Un momento del sepelio que arrancó muchas lágrimas de dolor ocurrió cuando el féretro de Josefina fue colocado al lado del de su nieto. Dios mío, ten misericordia, se escuchó exclamar a alguien ante la desgarradora escena.
Carmen Sánchez, hija de Josefina y tía de Samuel, dio gracias al pueblo por acompañar a las familias.
Quiero que ustedes sepan que estos dos seres humanos se amaban. Ella era pícara, sonriente, bella, mi pétalo de rosa. Sammy fue mi hijo menor, mi bebé. Oren por ellos y por los que están en el hospital. Ellos se están mejorando, afirmó. Sus palabras sellaron las expresiones de afecto hacia las víctimas que fueron enterradas en fosas separadas.

