No es secreto que necesitar un trago de manera continuada probablemente constituya una situación de alcoholismo. Tampoco es misterio las consecuencias que trae consigo el abuso de ésta sustancia. Cirrosis, cáncer de estómago, problemas en el páncreas y envejecimiento prematuro son tan solo algunos de los efectos que la ingesta de alcohol continuada puede traer al organismo.
Cuando un alcohólico suspende de manera repentina la bebida se puede producir el llamado Síndrome de Abstinencia Alcohólica.
Los síntomas de la abstinencia alcohólica comienzan normalmente al cabo de 5 a 10 horas después del último trago. Estos pueden ir de medianos a graves.
En el primer caso se presentan: temblores, sobresaltos, irritabilidad, pesadillas, y ansiedad. Junto a estos, signos físicos tales como pupilas dilatadas, dolores de cabeza, insomnio, náuseas, palidez, aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración y agitación.
En casos muchísimo más graves podría producirse un delirium tremens, en los que los síntomas mencionados son agravados por convulsiones y alucinaciones.
Con todo y esto, los daños que produce el abuso de alcohol en las relaciones familiares, la productividad laboral, el desarrollo personal y en el mismo organismo del bebedor,son potencialmente más dañinos que cualquiera de los síntomas antes mencionados. Es por ello que parar a tiempo será siempre la mejor decisión. Lograrlo supondrá, en la mayoría de los casos, el buscar ayuda profesional.
