No engañemos a nuestra mamá



Nuestro país se encuentra en el momento más estelar, pero delicado de su historia. Estelar, porque de un lado podemos observar, que nunca habíamos tenido, entre otras cosas, tantos “ricos” de dinero, tantas edificaciones suntuosas, carreteras y avenidas en buen estado y saturadas de vehículos nuevos, grandes hospitales públicos o privados, tiendas abarrotadas de lujos, restaurantes donde un Día de las Madres o de San Valentín hay que hacer filas para conseguir una mesa, como de seguro ocurrirá hoy en muchos lugares.

Delicado, porque esto nos recuerda a Venezuela o Puerto Rico en su tiempo. Venezuela con la explotación de su petróleo y la dilapidación de su bonanza, por parte de sus diferentes líderes políticos, ya muertos muchos, y Puerto Rico, con la protección económica de los Estados Unidos y la holgazanería de muchos de sus habitantes.

Ninguno de estos dos países pudo traducir la prosperidad económica alcanzada en educación cívica, para formar ciudadanas y ciudadanas comprometida con la suerte presente y futura de sus naciones.

Tan poco tuvieron la capacidad de reformar el aparato productivo invirtiendo parte de los grandes capitales que producía el petróleo en la creación de industrias, así como en una reforma agraria vigorosa, para ir sustituyendo renglones básicos de su consumo interno.

Finalmente Venezuela y Puerto Rico fueron víctimas de dos grandes desastres. En Venezuela uno político, el cual parió la llegada y muerte a destiempo de Chávez, generando la situación actual de este hermano país, y en Puerto Rico un desastre natural que cambió casi radicalmente la vida de la “Isla del Encanto”.

Todos estamos en la implacable mira del tiempo. De una parte, si seguimos el camino de la corrupción y la impunidad, generadoras de delincuencia e inseguridad, así como la maña de creer que la política debe ser truco, marrullería y retorcimiento de la Constitución y las leyes, caeremos en un abismo sin retorno.

El problema sería de tal magnitud que muchas personas ricas, con dinero de la corrupción o por su trabajo honesto, se mudarán a sus grandes mansiones en el exterior, hasta que allí sean atrapados por el deterioro de nuestro ecosistema, y las aguas de los mares se traguen las playas y sus contornos, como consecuencia del deshielo de los casquetes polares.

Ante el desorden a que hemos sometidos la vida política, administrativa, económica, cultural y medio ambiental de nuestras naciones, todos estamos amenazados. Que nadie se lleve a engaño. No podremos burlar ni al tiempo ni a Dios. Al final pagaremos justos por pecadores.

La ventaja de todo esto, es que todavía hoy tenemos tiempo. Tiempo para respetar nuestra naturaleza y volver a llenar de árboles nuestras montañas, para que los ríos vuelvan a correr a raudales y podamos restaurar el aire que estamos envenenando.

Estamos a tiempo para que podamos llenar de sabiduría cívica y moral a nuestro pueblo, para que la Constitución y las leyes sean respetadas como normas y fundamentos jurídicos que guíen los pasos de Gobierno y gobernados.

Para salvarnos recordemos aquellos cantos que nos enseñaron en la niñez: “no digamos jamás la mentira, no engañemos a nuestra mamá, que no hay cosa más bella, cuando sabe decir la verdad”.