Anthony Perez Diaz
Anthony2x2@hotmail.com
‘Non–Stop’ es un film de acción tan genérico y reiterativo como lo es de elocuente y obvio su propio título. El film no guarda secretos ni promete lo que no puede ofrecer. Pero eso sí tiene dos virtudes a su favor.
Primero. Con una estructura narrativa con reminiscencias hitchcocknianas en la que inevitablemente se juega ‘al gato y el ratón’ en un espacio muy reducido, en este caso el interior de un avión; el director Jaume Collet-Serra consigue crear un apreciable nivel de tensión en base al dinamismo de su edición y de unos bruscos cortes y/o extensos planos.
Y en segundo término, o tal vez aún más importante que el anterior, está el carisma y reciedumbre que siempre aporta el actor Liam Neeson.
Los personajes que él interpreta, fundamentalmente, en esta inesperada, exitosa e increíble etapa de héroe de acción, son esencialmente unidimensionales. Muy pocos actores, sin embargo, pueden incorporar a los mismos tal grado de suficiencia y verosimilitud como lo puede hacer Neeson.
Non–Stop’ no es la excepción, y aquí con rostro apesadumbrado por la carga y responsabilidad que afronta cada día como “Air Marshall” –su edad debe influir también, no?– como por una serie de dependencias y problemas personales como el alcoholismo, Neeson deja fluir su veteranía y convence, aun su personaje no siendo el mejor modelo a seguir, a una audiencia que invariablemente se identifica con él.
Mientras se mueve de un lado a otro el interior de un avión, en un vuelo trasatlántico de New York a Londres, en busca de un terrorista al que no termina de descifrar, Bill Marks o más bien Neeson exuda un realismo que disimula, aunque sea momentáneamente, las fallas e incongruencias de un guion que de otro modo resultaría tan absurdo como mortalmente aburrido. En otras palabras, Neeson rescata el film de la hoguera, transformándolo en un entretenimiento ligero que se disfruta mientras dura, y sin más se echa al olvido.
