Un terrorista suicida se ha inmolado este miércoles en el interior de una base militar afgana utilizada por la CIA en el que supone uno de los ataques más cruentos de los sufridos en ocho años de guerra por el personal de inteligencia estadounidense desplegado en la región.
En el atentado, perpetrado en la Base de Operaciones de Chapman, en la provincia oriental de Khost, cerca de la frontera con Pakistán, fallecieron al menos ocho civiles que permanecían en el interior del complejo, según informa la edición electrónica de The Washington Post.
El canal CNN ha precisado, citando fuentes oficiales, que se trataba de agentes del servicio de inteligencia.
El atacante logró esquivar la seguridad del recinto y, ya en el interior, detonó un cinturón con explosivos hiriendo, además, a otras ocho personas, varias de ellas de gravedad, y entre las que no se encuentra personal militar.
«Esta es la pesadilla que hemos estado temiendo desde que entramos en Afganistán e Irak», ha afirmado John E. McLaughlin, ex responsable de inteligencia que ahora presta ayuda a los hijos de empleados la CIA que pierden la vida durante el desempeño de su trabajo.
«Nuestra gente está a menudo fuera de la línea de frente, sin protección de la fuerza adecuada, y ponen sus vidas, literalmente, en peligro», ha lamentado.

