Que el libro dominicano no vende y que las librerías han ido cayendo una tras otra, es un fenómeno que debe ser replanteado.
El libro en general, y el de origen dominicano en particular, si vende. Lo que ha ocurrido es que ha cambiado la forma de ofrecerlo y hay transformaciones que al parecer, no hemos percibido, en sus canales de distribución.
El cierre de una librería simbólica como Thesaurus, cuya aparición provocó un estremecimiento en el sector al punto de generar que se produjeran cambios en negocios similares, fue un impacto tremendo en quienes éramos fans de aquel ambiente único, de su café, sus galerías y estanterías y de sus actividades , sobre todo conferencias, talleres, exhibiciones especiales y conversatorios. Similarmente hay otras librerías que enfrentan dificultades, y que esperamos sean superadas, que se ven afectadas por el descenso en las ventas.
¿Es qué la gente no lee? ¿Es que el libro no se vende? ¿Es que el libro dominicano ha dejado de ser negocio?.
No. Lo que ha ocurrido es un cambio radical en la forma de ofertarlo, ahora por medio de las cadenas de plazas, que tienen decenas de puntos de venta ofreciendo además otras facilidades: supermercado, restaurantes, tiendas en general, cines y otras.
Hay libros dominicanos que han generado grandes ventas y que incluso han obligado a hacer nuevas ediciones, como son los casos de Trujillo, Monarca sin Corona (del que se ha tenido que reimprimir varias veces); La Verdad de la Sangre (de Pilar Awad y Eva Alvarez) y la Historia Dominicana (Orlando Inoa).
Centro comerciales como La Sirena y MuntiCentro Churchil, que ofertan decenas de puntos de ventas en ambientes de múltiples servicios;
Supermercados Jumbo, La Cadena y ahora Plaza Lama, que con la designación de una nueva gerente de libros, se abre a la literatura nacional, son ahora los nuevos vendedores de libros. Y venden bastante porque la tendencia del público comprador de libros es ir a establecimientos que ofrezcan seguridad, aire acondicionado y una variada oferta de servicios.Es parte de un proceso de urbanización creciente en el cual, no obstante, ´hay librerías que siguen siendo emblemáticas, como Cuesta (que está en un centro comercial de Supermercados Nacional) pero que conserva una personalidad propia como establecimiento para el libro.
