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Orto-escritura

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Uno de los significados de la palabra ripio en el Diccionario del español dominicano es pene.

Ripio es un apodo indigno y denigrante

En la columna del pasado domingo (30 de mayo de 2021) nos referimos al verbo ripiar (echar o poner ripios en un hueco) y prometimos tratar el sustantivo /ripio/, que solo en República Dominicana se emplea como sinónimo de pene.

Veamos cuatro de las siete acepciones con las que aparece en el Diccionario de la lengua española: 1. m. Palabra o frase inútil o superflua que se emplea viciosamente con el solo objeto de completar el verso, o de darle la consonancia o asonancia requerida.2. m. Conjunto de cosas inútiles dichas de palabra o por escrito.3. m. Residuo que queda de algo…5. m. Constr. Cascajo o fragmentos de ladrillos, piedras y otros materiales de obra de albañilería desechados o quebrados, que se utiliza para rellenar huecos de paredes o pisos.

Se usa en albañilería para referirse a desperdicios, cosas inútiles, residuos, y en lingüística se llama ripio a una frase o palabra sobrante y por tanto innecesaria. Desconocemos de dónde tomó el español dominicano esta palabra tan inapropiada para referirse a un órgano tan importante del cuerpo masculino.

El Diccionario del español dominicano, publicación de la Academia Dominicana de la Lengua, recoge siete significados de la palabra ripio (jirón de una tela; cualquier cosa que cuelga; filamentos; persona o cosa despreciable; cantidad insignificante de algo; mujer fea y desgarbada) la última de las cuales es pene.

La posición que ocupa en el cuerpo -saliente- sugiere que el pene sea una parte desarmónica y quizá sobrante. Son muchos los hablantes que emplean el término ripio, aunque por ello no deja de ser altisonante y por tanto excluido de la lengua culta.

Tengo la presunción de que el vocablo es más empleado por mujeres que por hombres. De las féminas procede, por lo general, la intención despectiva al usar la palabra. A veces su expresión tiende al apocamiento del sujeto en cuestión.
Para calificar a un hombre de promiscuo, algunas hembras suelen recurrir a la locución “ripio alegre”, mientras para echar maldiciones al hombre a veces focalizan sus deseos en el menoscabo o disminución del órgano viril, mencionado por el sustantivo al que venimos haciendo referencia.

Nunca en la intimidad, cuando se entrega al hombre, la mujer cita el falo por el apodo denigrante, lo hace más bien para rechazar las pretensiones masculinas no deseadas o para censurar a un hombre que, por ejemplo, se ha orinado impúdicamente en la calle.

Un órgano que sirve a la función reproductora, sin el cual no se perpetuara la especie humana, merece ser tratado de forma más digna. A todos nos gusta que nos llamen por nuestro nombre y aceptamos de buen modo los nombres hipocorísticos, los cuales, en forma diminutiva, abreviada o infantil, se usan
como designación cariñosa, familiar o eufemística. Ejemplos: Quico, Monchi, Fello, Tito, Taty, Tita, Pepe, Pepín, Paco, Mechy, Niní, Niño…

Lo que no puede ser agradable es ser llamado, por ejemplo, Quincón, Maco, Mono, Cojo, Fragata, Tuerto, Arepa, El Pelú, Bola, Boquetanque, Boquepiano, El Peje, Fleco, Cabezón o La Culebra, Ñoco o El Ciego.
En ese orden se inscribe el apodo /ripio/ para nombrar el órgano vital de la masculinidad, considerado: “Símbolo de la perpetuación de la vida, del poder activo y de la fuerza en su propagación cósmica”. (Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de Símbolos, Siruela, 2014, pág. 209).

Este artículo solo tiene intención lexicográfica, aunque haya tocado argumentos relativos a la sexualidad. Tengo que admitir que/ripio/, con el significado aquí citado, es una palabra del español dominicano, aunque yo no la prefiera ni la conciba en un poema, en un sermón ni en el discurso escolar.

Pocos rechazarán que se trata de un apodo indigno y denigrante para denominar a un sujeto noble.

Por: RAFAEL PERALTA ROMERO
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El Nacional