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ORTO-ESCRITURA

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Libertad condicional en el uso de la lengua

RAFAEL PERALTA ROMERO

rafaelperalta@gmail.com

Si en algo se parece la lengua a la política, es en las actitudes que generan ambas en la gente para afrontar los fenómenos propios de cada una. Así como en la política hay conservadores, liberales, revolucionarios y anarquistas, también los tenemos en la práctica lingüística.

Es decir, hay unos individuos a quienes no importa la movilidad en la lengua y nada se puede tocar, pretenden ignorar que la lengua evoluciona. Esos son los conservadores. Otros suelen ser generosos en el uso de formas y vocablos nuevos sin tomar en cuenta que nuestra lengua tiene los suyos y que por tanto no requiere de un determinado neologismo.

Hay personas que admiten movilidad en nuestra lengua y exigen que las palabras de otro idioma se adapten en su grafía al nuestro y entienden que “yipeta” se escribe con –y, y no es necesario escribir “jeepeta”. Este es el concepto revolucionario. Pero hay más. Miremos estos casos:

Cuando una palabra extranjera nombra algo no conocido en español, es normal su empleo. Los lingüistas llaman a este fenómeno “préstamo lingüístico”. Pero un préstamo que no se paga, pues muchas de esas palabras se quedan en nuestra lengua, se ajustan, asumen la forma de nuestro idioma. Las palabras se adaptan y nosotros las adoptamos.

Ese proceso conlleva la adecuación al sistema fonológico, gráfico y ortográfico del español y está regido por normas. Pero muchos hablantes del español somos concesivos con el inglés y preferimos escribir, por ejemplo, “boom” (explosión) aunque digamos “bum”. Entonces ¿por qué no escribirla como suena?

¿Y un anarquista de la lengua qué quiere? Oh, que no haya norma, ni entidad reguladora. Anarquía ha de ser que unos hablantes escriban, por ejemplo: “bazooka” (un arma de guerra), otros “bazooca”, unos más “bazuka” y finalmente como tiene que ser: bazuca.

Todos deberían saber que en el uso de la lengua predomina una libertad condicional. Les cuento otro ejemplo:

A los amigos que confían la corrección gramatical a equipos electrónicos, procede recordarles que esos aparatos no discriminan cuando una palabra ha sido mal escrita desde el punto de vista del contexto, dado que en algunos casos se ha empleado un vocablo gráficamente correcto, aunque el sentido de lo dicho no lo soporta.

He escogido una lista de palabras, treinta en series de tres, todas las cuales cambian de función y de sentido de acuerdo a la colocación del acento ortográfico o la falta del mismo. En cada serie, la primera palabra será esdrújula (siempre llevan tilde) y su función puede ser adjetivo o sustantivo. Ejemplo: diálogo.

La segunda palabra es una forma verbal en la mayoría de los casos la primera persona del singular, presente del modo indicativo, y de acuerdo al acento será palabra llana terminada en vocal (sin tilde). Ejemplo: dialogo. En tanto, la tercera palabra es también una forma verbal en pretérito perfecto, tercera persona singular del indicativo. Como palabra aguda, lleva tilde. Ejemplo: dialogó.

¿Ven ustedes? La libertad para el uso del idioma es condicional, no es posible que cada hablante ponga sus reglas. A menudo, los hablantes de tendencia anarquista emiten juicios muy severos contra las academias de la lengua y contra los académicos.

Me gustaría que esas personas leyeran “El lenguaje del buen decir”, de Bruno Rosario Candelier, y valorasen las respuestas pletóricas de calidez y sapiencia que ofrece el autor a cada interlocutor. El libro ha tenido como materia prima inicial las dudas de muchos usuarios del idioma, quienes sabiamente la han transferido al director de la Academia Dominicana de la Lengua en busca de ayuda intelectual.

El Nacional

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