Semana

ORTO-ESCRITURA

ORTO-ESCRITURA

Acerca de las cosas que pueden aparecer

 

 

POR: RAFAEL PERALTA ROMERO

rafaelperaltar@gmail.com

 

 

En las salas de redacción de los diarios ha ocurrido muchas veces. Los periodistas novatos habrán de preparar su ánimo para las burlas cuando cometan lo que algunos veteranos consideran una “tropelía” contra el idioma.

Cada cierto tiempo se escuchará la discusión, pero predominará el criterio de que el verbo /aparecer/ no es aplicable cuando el sujeto es un cadáver. He presenciado el drama montado por correctores y jefes de redacción para equiparar la “aparición de un cadáver” con lo fantasmal, con un espectro.

Aparecer, verbo intransitivo, es definido por el DRAE como “1. Manifestarse, dejarse ver, por lo común, causando sorpresa, admiración u otro movimiento del ánimo. U. t. c. prnl. 2. intr. Dicho de una cosa que estaba perdida u oculta: Encontrarse, hallarse. U. menos c. prnl.”

De acuerdo a la segunda acepción, una cosa puede aparecer. De un libro, un carro, un reloj, un bolígrafo o cualquier otro objeto puede decirse que apareció. Un cadáver es un cuerpo muerto, es decir una cosa inanimada, una porción de materia, de manera que gramaticalmente ha de comportarse como las demás cosas.

El cuerpo muerto de una persona guarda una relación de inmediatez con la vida, por lo que el hombre que ayer dejó de ser visto (desapareció) podría “aparecer muerto hoy”. O de otro modo, del hombre que se sabe ha muerto, se informará que “Apareció hoy en un terreno pantanoso el cadáver de Dino Bidal…”

Pienso que si el cadáver “ejerce” la acción de heder, descomponerse, o pesar, entonces también puede aparecer.

El doctor Daniel Beltré López, tan jurista como poeta, ha sido uno de los amigos que no comparten la opinión que he expresado sobre aparecer. Beltré -miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua- argumenta, con humor filosófico, que: “Ese verbo hay que dejarlo para cosas vivas”.

Para estar menos solo en mi criterio, traeré una cita del Diccionario panhispánico de dudas, la cual transcribo a continuación:

“b) ‘Ser hallado’: «El cuerpo y la hamaca del General Uribe no aparecieron» (Herrera Casa [Ven. 1985]). Con este sentido es menos frecuente su uso en forma pronominal: «Se aparecieron después en una gota de pus que le salió por el miembro unos […] animalitos redondos […], que no eran otros que los agentes de la gonorrea» (Paso Palinuro [Méx. 1977])”.

Este “ser hallado” se refiere a aparecer. Decir, por ejemplo, que una cartera fue hallada es lo mismo que decir “apareció”. Decir que un cadáver fue hallado es lo mismo que decir “apareció”. Pero todo el mundo no tiene que estar de acuerdo estos planteamientos, pues no entran en el dogmatismo lingüístico que atribuye a esta columna el licenciado Luis Pérez Casanova, apreciado ejecutivo de este diario.

El Nacional

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