Un gran conflicto que tenemos en el país es la poquísima transparencia en cualquier tipo de relaciones. Cualquiera diría que queremos mantenernos con una baraja debajo de la manga por si las moscas. Esto nos deja avanzar muy poco. Nos fastidia, en consecuencia, la falta de definición o concreción del país al cual aspiramos, y esto se refleja en cualquier debate o discusión. Caso, el Comité Nacional de Salarios.
Mantengo la idea, teoría o como quiera llamársele de que antes de proceder a una revisión natural de sueldos o salarios hay que plantearnos unas urgencias: a) cómo defender eternamente el poder de compra del dinero, del peso dominicano, b) cómo o cuándo redefinir el Código de Trabajo, en el contextos de cambios importantes que se han dado en el país como lo constituye la Seguridad Social, c) cuál será el alcance o magnitud de la Seguridad Social y de Riesgos Laborales respecto a la cuestión de la liquidación de cualquier empleado en una empresa privada, por ejemplo.
Actuamos con unos criterios que desdicen de la necesidad de una mayor conciencia social del papel que a cada quien le toca en una comunidad, país, república o sociedad. Es decir, nos falta mayor sentido de la responsabilidad respecto a las decisiones que tomados o nos toca en determinados momentos o circunstancias. Me niego a lo ligero.
Por ejemplo, ¿cuál es la estructura o composición de nuestras empresas? ¿En qué descansa nuestro sistema productivo y/o comercial? Dicen que la mayor plataforma está en micro-empresa o micro-negocios. Luego, ¿qué estamos asumiendo por “micro-negocios o micro-empresa? ¿Cuál es el nivel de riquezas brutas y netas que genera, en promedio, los negocios predominantes en el país y con base a cuántos empleados y costos operativos? ¿Cuál es la relación con nuestro sistema impositivo?
Queremos tomar decisiones basándonos en viejos esquemas, quizás. Es tanto lo que hablamos de globalización, competencias y competitividad que perdemos las perspectivas porque nos estamos quedando en las teorías.

