Parásitos



Con el mero hecho de alzarse con la presea a mejor película extranjera en los Golden Globes, y de estar nominada en varios renglones en la 92 entrega de los premios Oscar del domingo 9 de febrero, el éxito de la película Parásitos está garantizado.

Del sociólogo y director surcoreano Bong Joon-ho, Parásitos es una especie de “unidad y lucha de contrarios”, criándolos Dios, y la sociedad juntándolos.

Parásitos es un antipoema que exhibe el inmenso muladar que son las clases sociales, en donde se manifiestan los sentimientos más execrables, llevándonos a la cruel miseria humana (¿Dostoyevski en Crimen y Castigo?).

La cinta nos desternilla de la risa por las ocurrencias de una familia sumida en la pobreza que busca cómo insertarse al mercado laboral y ascender socialmente, pasando a atraparnos en el laberinto de la hierática condición humana (¿Chaplin o Visconti?).

Joon-ho nos presenta las desalmadas ironías de la vida, en donde aguaceros que inundan de ríos de excremento a los habitantes de tugurios, son un oxímoron para la clase alta, que los ve como una bendición caída del cielo.

En el filme no hay maniqueísmo, pues los antivalores y las más abominables pasiones están en ambos lados de las clases sociales. El alienado Ki-woo, es frio ante un beso de Da-Hye, a la que solo ve y utiliza como su pasaporte a treparse a la gran sociedad.