Aquí, en esta tierra hermosa, existe una expresión de la crisis de una seudo-democracia conocida con el nombre de democracia representativa.
La partidocracia se pudrió.
El Estado devino en narco-estado.
La gran burguesía es más bien lumpen-burguesía,
El neocaudillo es de de hojalata y está tuche.
El descrédito del sistema es alto. Su fortaleza reside en los cuantiosos recursos robados y su uso en un superclientelismo.
La convención del PRD se chupó más fondos que cualquier campaña electoral nacional del pasado y la del PLD habrá de superarla en derroche.
Ningún precandidato es capaz de transparentar la procedencia de sus fondos: unos sustraídos al Estado, otros invertidos por empresarios, y sumas procedentes de la corrupción personal y de fuertes conexiones con el narco.
Ninguno expone sus entrañas financieras: ni Miguel, ni Hipólito, ni Leonel, ni Danilo, ni Margarita, ni José Tomás, ni Rafaelito, ni Segura… Los fondos derrochados son secretos.
La presión de abajo los desboca y la competencia feroz los desgarras. El pus brota y rebrota, y sus máscaras caen hechas pedazos.
El PRD está y seguirá en crisis, pese al repliegue simulado de Miguel Vargas. El pleito cogió otra vuelta (más discreta) y será usado por terceros.
Leonel quiso re-postularse y como no pudo, ahora trata de lhacerlolo a través de la Primera Dama; engendro político-gubernamental creado por la herencia monárquica en el seno de la democracia-representativa.
Danilo quiere que se olvide que él fue uno de los artífices de la alianza con la podredumbre balaguerista y hacedor del sistema de corrupción de Estado peledeista.
Por todo eso, el divorcio sentimental del pueblo de esa partidocracia corrompida es progresivo y desde su seno surgen reacciones cada vez más autónomas del partidismo tradicional de derecha y hasta de la izquierda gelatinosa.
En verdad, las izquierdas no estructuradas, los/as revolucionarios/as firmes y las fuerzas sociales y culturales transformadoras, son muy superiores a los agrupamientos progresistas capitaneados por entidades con registro electoral y candidaturas decretadas, por lo que es desacertado tomar decisiones al margen de ellos/as.
Es fatal, además, concentrarse en un electoralismo vacuo y desligado de la marea sociopolítica que comienza a gestarse en el país, así como anunciar frentes amplios que resultan lánguidos y estrechos.

