Perfil de Eloy Alberto Tejera



LIBROS

La poesía nos devuelve a nuestros orígenes. No sé adónde conduce el ejercicio del periodismo u otros oficios. En este caso, Eloy Alberto Tejera posee ambos atributos: es el único periodista de oficio y poeta reconocido de las nuevas generaciones. Otros lo serán porque lo diga su cédula de identidad y electoral. Eloy lo es por oficio, tanto en el país como en Estados Unidos, en su momento.

Cuando lo conocí era mucho más joven que yo, pero nunca cometí el error de verlo por encima del hombro, desde que comenzó nuestro trato, ocasionales por las calles de la capital. Ahí fue donde aprendió los colores del cielo tropical y que la lluvia moja.

Hasta hace poco ponderábamos esa afición, en la que yo me he quedado atrás, no porque él ahora viva de prisa, como si lo estuvieran esperando. Todavía gusta de caminar contemplando las gentes del nuestro pueblo y su idiosincrasia y ponderar lo mejor de él, tanto en sus gentes como sus paisajes.

En los días que empezó a escribir poesía, allá en los 90, no recuerdo como terminé yendo a su casa en el ensanche la Fe. Vivía en una pequeña vivienda de madera con su padre, con una sala modesta, techada de cinc. Entonces vi salir a su padre. Menudo, erguido, con sombrero, llevando una vejez con sabiduría, aparentaba de pocas palabras. Nos saludamos y salió. Eloy parecía un hijo de vejez y esos hijos o son genios o tarados. No digo que Eloy sea lo primero, pero es bueno en lo que hace, partiendo que la palabra Genio está desacreditada. Este joven periodista y poeta es bueno en todo lo que hace, por su sensibilidad social y posturas morales.

Buen poeta. Periodista. Escritor. Cronista. Posee una valoración a la antigua. Mordaz, irónica sobre la vida, es decir, sabe ver y especular sobre el hombre para que se le lea con agrado y hasta con cierto desconcierto. “Pensar que existen los fondos me desconcierta” (Fondo Negro).

Por supuesto, que no voy a exagerar sus títulos publicados y premios en poesía, aunque sean de diversos géneros los libros publicados. Lo que me importa ahora es el poeta, su sensibilidad única, aunque nadie lo esté leyendo, como a cualquier poeta criollo, ahora mismo. La poesía se escribe para un futuro que no se sabe si llega, pero llega cuando un lector se encuentra cara a cara con sus obras y la conserva en su memoria por sus aciertos expresivos.

Su poesía es juguetona, irónica, crítica, evocativa, con una ternura de papel de lija y conversacional. Si se observa con cuidado, Eloy Alberto Tejera, es un poeta que no tiene ningún parecido a otro joven poeta dominicano, para bien o para mal es diferente. Esto es un mérito, podría ser, pero lo es más por la calidad de su poesía en el manejo de la lengua comunicacional y sus hallazgos expresivos.

Sus libros de poesía, bajo ningún concepto reflejan agotamientos, fluyen, se impone y si no tienen el reconocimiento que podría pensarse, es porque son “ignorados” como cualquier otra joven poesía que espera ser descubierta, valorada y ponderada por sus méritos expresivos, que no son pocos.

Nuestro trato se ha caracterizado por distanciamientos ante la vida. Ante cada ausencia prologada un encuentro y de nuevo votos de compartir que en los últimos años son más frecuentes. Con Eloy se puede conversar sobre poesía, la sociedad y la vida, sin que salga a relucir su propia labor de delirios de grandeza. Gusta de la poca publicidad de su propia obra con todo y sustentar sobre sus hombros uno que otros premios a su obra poética y en la ensayística un bestseller: El día que muera Balaguer.

Se inició con un libro de poesía de resonancias metafísicas. Elevación de la nada, su primer título. Un comienzo extraño pero que reflejaba (sus obras posteriores así lo confirmarían) una personalidad contemplativa de la vida interior en el drama, a la crítica de la vida, que es al ámbito que su poesía ha ido desenvolviéndose, exceptuando otros títulos, en especial, Jazz, perteneciente a una voz de desmembramientos y homenajes. Lealtades estéticas, de gusto por la música norteamericana.

Reitero, la poesía nos devuelve a nuestros orígenes. Con Eloy pasa lo mismo, para mantenerse interesante para sí mismo constantemente vuelve así mismo. Es la raíz de su Elevación de la nada. Continuemos pendiente de Eloy Alberto Tejera, por nuestra salud espiritual y la vida de pensamiento del país y con él, Jazz, decir: “Mi causa no es el absurdo, sino lo que sucede”.

El autor es escritor.