Periodismo y coronavirus



En los últimos dos meses la epidemia del coronavirus que provoca la enfermedad de covid-19 ha provocado 17,150 víctimas mortales y 392 mil 300 infectados en el mundo.
Simultáneamente a esta epidemia de gran impacto sanitario en el mundo, se vienen agudizando la crisis económica y financiera con graves consecuencias sobre las poblaciones más vulnerable.
Es casi seguro que esta epidemia será seguida de un hambruna, sequías y otras crisis humanitarias en las regiones del planeta donde se encuentran las personas con menos recursos y con mayor nivel de vulnerabilidad.
Para tratar el asunto del coronavirus, los medios de comunicación se colocaron a la vanguardia como vehículo de información y orientación a la población. Ese es su deber básico, dicen los teóricos.
Sin embargo, la urgente necesidad de informar bajo el principio de inmediatez no siempre está acompaña del necesario conocimiento sobre cómo funciona la medicina humanitaria, el papel de los actores, las fases de una actuación e incluso del nivel de riesgos de la enfermedad.
Paralelamente, los actores sanitarios y la población afectada reciben una enorme presión mediática que puede afectar al trabajo, aumentar el desaliento de la población y dar una imagen distorsionada sobre la realidad de la problemática.
El papel que debemos asumir los periodistas dominicanos ante esta situación de desastre implica una serie de rupturas en los procesos de recopilación de información e implementación de acciones de improvisación para el ejercicio del oficio.
Esto teniendo en cuenta siempre la cuestión ética, y asumir una responsabilidad social ante las consecuencias del desastre; más allá de su función informativa, al periodismo le corresponde una serie de funciones sociales cruciales para evitar pánico en la población.
Bajo ningún concepto los reporteros deben obviar en este momento la responsabilidad de informar de manera objetiva sobre los sucesos, aunque se trate de la tragedia del coronavirus. El periodista como actor testigo no está exento de padecer una sobrecarga emocional al estar presente en un escenario de catástrofe, algo que debe evitar pero estoy consciente de que no siempre se puede.