Poder y cambio



Eduardo Álvarez

El poder ofrece todas las posibilidades, entre ellas la de prodigar recursos para “persuadir” voluntades en las diferentes capas sociales. Para la pobre, el Gobierno cuenta con innumerables agencias de asistencia social, y compras directas de votos sin el menor escrúpulo. Para las medias, buenos empleos, facilidades financieras y reconocimientos. A las altas les bastan privilegios, con asomos de sociedades y complicidades fuera del dominio público, a menos que sean revelados por efecto de algún escándalo.

Con una población adulta, económicamente activa, por debajo de 30% y un asistencialismo, populista y parasitario, esto suple graves deficiencias económicas. Y hace previsible la manipulación electoral a la que siempre apuesta el PLD, instrumento y motivo para aferrarse al poder.

Bono luz, bono gas hogar y chofer, incentivos educativos superiores y primarios, medicamentos a envejecientes, asistencia escolar, comer es primero, seguros subvencionados, policía preventiva, en fin, componen la ristra de ayudas manejadas mayormente con criterio político, a los fines de orientar resultados a favor de candidatos oficialistas, con el presidencial como puntal.

Parece una apuesta segura en una economía deprimida, por tanto dependiente, como la nuestra, sin la excepciones, ni siquiera del Norte, donde las cifras son tradicionalmente halagüeñas en comparación con el resto del país. Coloca a la oposición en una situación poco ventajosa, a menos que saque de abajo para romper el ciclo azaroso de un populismo que ha levantado bandera. La denuncia, la protesta y un tenaz enfrentamiento sin pausa ni cuartel son respuestas inevitables.

En cuanto a la clase media, con sus aspiraciones a una vida “digna y estable”, los métodos para atraer simpatizantes se ciñen a un patrón con pocas modificaciones en los últimos años. La oferta suele ser la misma en todos los bandos, con la diferencia de que un cambio de gobierno ofrece la movilidad social como opción ideal para nuevas oportunidades. Una propuesta novedosa, con matices distintos, es una alternativa viable. Medianos y pequeños productores entran en este juego, lo que representa un ingrediente tan permeable como alterable.

Encumbrados en las finanzas, la producción industrial, la agricultura de alta escala, la exportación y la importación de bienes y servicios, constituyen una clase, que se mantuvo uniforme e inalterable hasta los años 90.

Los gobiernos del PLD han contribuido a modificar esa estructura, lo que no asegura fidelidad ni compromiso. Vínculos de negocios, surgidos a la par de la citada transformación, operan más a favor del status alcanzando que los acuerdos políticos, lo que no se torna en ventaja para el PLD.