El cine dominicano es un universo, no un calificativo. Y para probar su diversidad, se yergue ante el camino la obra como director de Agliberto Meléndez, artista de fibra capaz de marcar rutas y estilos de compromiso artístico y social mostrados con sus obras Pasaje de Ida (1988) y ahora con Del Color de la Noche.
La cinta, que tiene un impresiónate rol protagónico de José Francisco Gerardino (entrenado durante más de un año por el maestro Rafael Villalona), es una visión personalísima realizada tras una promesa de realización que hizo el director al dirigente político y cuya realización ha dedicado los últimos 18 años.
Meléndez es un director poco maleable y afirmado en sus criterios, lo que deja ver en su característica descripción dramática y ficcionada de la vida del más importante líder de masas que haya tenido la República Dominicana.
Del color de la noche es una ficción biográfica provocadora y dramática que recrea los hechos fundamentales de la vida de José Francisco Peña Gómez, desde su supervivencia al “corte” de 1937, la formación de su liderazgo, los maltratos y el irrespeto a que fue sometido por enemigos y correligionarios y retrata las apetencias desmedidas de los dirigentes del partido.
La perspectiva de Meléndez está llamada a ser polémica y no gustará a quienes debieron incluso aportar para la producción de la cinta, pero que dieron la callada por respuesta cuando se les presentó el proyecto. Resalta es la ausencia de doña Peggy Cabral de Peña Gómez, pese a que no se trata de un documental, por lo que la responsabilidad de lo que se ve, parte del criterio del director. En las escenas de la enfermedad y muerte de Peña, es notoria la ausencia de la dama.
Del color de la noche será altamente polémica por sus aciertos de reconstrucción histórica, como por las ausencias, que como el caso de Peggy Cabral, debieron no haber sido.
La película no debe dejar indiferente a nadie. Agilberto es un artista a respetarse por la singularidad inconformista y contestataria de un director dispuesto a plantear su visión y sus valores, a sabiendas de que la acogida de su trabajo, habrá de ser diversa, polémica y enconada.
Y no es para menos: toca un ser y unos hechos históricamente vivos y aun palpitantes en el imaginario colectivo, lo que muestra en pantalla excede los casi 15 años a los que se extendió el proyecto, las vicisitudes a que se vio sometido, marginado por los millonarios del partido del que fue líder el desaparecido dirigente político con cuya biografía se ficciona, siguiendo hechos históricos pero dejando prevaler la singular perspectiva de su director.
Agilberto Meléndez en un arranque fílmico atrevido que expone de Peña Gómez su afortunada supervivencia al corte trujillista de 1937, su crecimiento y desarrollo escolar, los estudios y los lauros logrados en la academia, su inclinación por la vía política y la forja de su liderazgo, que le llevó a escenarios mundiales.
Un apunte
Obra fílmica
Agliberto saca en Del Color de la noche lo mejor que puede dar como director, pese a las limitaciones que le impidieron llevar a pantalla escenas de multitudes contempladas en el guión y denota algunas debilidades en la puesta en escena de los instantes finales del dirigente político.ter insectag

