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El error fundamental de la dirección del PRD consiste en pretender constituirse en una opción política con características similares al PLD. Es evidente que le seduce el éxito electoral del partido morado y ha creído que su tabla de salvación radica en seguirle los pasos. Eso lo ha convertido en una despreciada postalita repetida.
Es lógico lo que ha sucedido. En la disputa por el liderato de la representación del sector conservador, el PRD estará a la zaga del PLD. Los continuadores del proyecto político que encarnaba Joaquín Balaguer, se han sentido acomodados en su alianza con el Presidente de la nación, quien ha cuidado esa simbiosis con mayor esmero que a su propia organización, dándoles a los reformistas su alpiste preferido, que se cosecha en el terreno abundante de las arcas públicas. El PRD no ha entendido que es más difícil intentar ocupar un espacio lleno, que ganarse un sitio en un territorio alternativo.
La elección de Miguel Vargas Maldonado como presidente y líder del PRD determinó, de forma irreversible, transitar ese camino equivocado. Se trata de un personaje a quien las ideas liberales les son ajenas, conservador por naturaleza, origen y perfil. De ahí el imperdonable error de las corrientes progresistas dentro del PRD al endosarle su apoyo en desmedro de una figura de la dimensión de Milagros Ortiz Bosch.
Si el PRD pretendía erigirse en un referente que polarizara con la oferta peledeísta, jamás podía hacerlo a partir de idénticas propuestas y similares tácticas y estrategias. Su única posibilidad consistía en recurrir a lo que podía quedarle de aquella imagen de esperanza nacional y opción liberal, capaz de entusiasmar a los segmentos no sólo humildes de la población, sino a los que aspiran a un cambio verdadero.
Dos ejemplos pueden ilustrar lo que afirmo. En la pasada campaña electoral, el PRD remontó en las encuestas cuando se afianzó en los símbolos partidarios y retomó el discurso histórico de esa organización, no obstante lo desacreditado que pueda estar. Recientemente, el anuncio de la elección de Milagros Ortiz Bosch como candidata a la senaduría por el Distrito Nacional, ha significado una especie de oxigenación para un partido que luce morir de asfixia ideológica.
Hipólito Mejía, hábil como es, está consciente de la vulnerabilidad de la estrategia de la dirección, y a través de ella pretende colarse para intentar repuntar del disminuido sitial en que lo dejó su lastimoso pasado.

