Entre los que saben, los que creen que saben y hasta los que no saben nada, lo mejor es observar.
Hurgando en la Biología encontramos que el cerebro consta de dos hemisferios, uno derecho y otro izquierdo.
Sin embargo, los controles se cruzan más o menos, un choque entre planes de distintos hemisferios.
Los rasgos de la genialidad de uno, se deben a un dominio del otro.
Estos planos están unidos por los usos y las costumbres, o sea la cultura. El fuego es calor, el hielo da frío, nadie asocia a la inversa espontáneamente.
En la vida humana hay formas muy distintas de ver las cosas y los acontecimientos.
Un poeta ve un bosque de una manera; el que trabaja con la madera lo ve de otra manera. Ambos piensan y razonan con rigor, siguiendo las líneas que les marca su propósito final y la perspectiva que adoptan; esa línea tiene una peculiar coherencia, digamos una ¡lógica! especifica.
¡Lealtad! La lealtad que no esta sometida al calculo cuantitativo, sino al logro de la eficacia cualitativa.
Si, así es, la lealtad tiene su lógica propia.
Dos amigos iban por un camino. De repente, apareció un oso. Uno de ellos se subió precipitadamente a un árbol y allí se escondió. El otro, a punto de ser atrapado, se dejó caer en el suelo y se hizo el muerto. El oso le arrimó el hocico y le olfateaba, mientras él contenía la respiración, porque dicen que el oso no toca un cadáver. Cuando se marchó, el del árbol le preguntó que le había dicho el oso al odio. Este respondió: No viajar en lo adelante, en compañía de amigos semejantes, que no permanecen al lado de uno en los peligros».
La fábula muestra que los momentos difíciles prueban a los amigos de verdad. La lealtad debe ser cultivada por el valor que tiene de por sí.

