Semana Santa es agradable. Un tiempo para hacer y deshacer.Hay que tomarse un respiro. Hay que saber parar y ser, solo no se vive en el hacer compulsivo y la actividad desmesurada.
Necesitamos instantes de paz.
Momentos de quietud.
De sentido a la reconciliación con uno mismo,
con la vida;
reconocimiento de la propia identidad como persona,
del orden,
la verdad,
la libertad,
de orar,
de lo simbólico,
de lo ritual,
de soledad
y silencio.
El cultivo de la espiritualidad conduce al ser humano hacia la auto-transcendencia, de nuevos planos de realidad, como impulso vital para superar cualquier limite.
Vivir más plenamente.
Ir más allá de lo que es inmediato y superficial… es algo que ocurre en la esencia de la interioridad del individuo.
Es el acontecimiento que enseña a olvidarse de sí mismo. Esto es vivir, porque rompe las barreras del ego, podría ayudarnos a reencontrarnos con la voluntad de Dios.
Y…
Quizás, Semana Santa es un buen momento para educarnos con amor, libertad y rigor.

