Londres. EFE. La prensa británica, y no sólo los tabloides sensacionalistas, se ceba con el ministro de Asuntos Exteriores, William Hague, después de que éste se viera obligado a desmentir un affaire homosexual con uno de sus ayudantes e insinúa incluso la posibilidad de que tenga finalmente que dimitir.
El desencadenante fue la publicación de un rumor en internet y de una foto en la que el dirigente tory aparece con ropa deportiva, gafas de sol, gorra de visera y amplia sonrisa junto a un apuesto jovencito en vaqueros, igualmente sonriente.
Hague, una de las figuras más populares y también más ricas de los tories, se vio obligado a desmentir públicamente el affaire, dando detalles íntimos sobre su matrimonio, después de que se supiese que durante la campaña había compartido un cuarto con su ayudante, supuestamente para ahorrar dinero a su partido.
Pero, según comentan todos los expertos en relaciones públicas, que tal vez lamentan esta vez no haber sido consultados, esa decisión fue totalmente errónea y se ha vuelto como un bumerán contra él.
Algunos políticos, entre ellos el conservador lord Tebbit acusan a Hague de ingenuidad en el mejor de los casos y estupidez, en el peor por compartir la habitación de hotel con Chris Myers, de 25 años, a quien luego contrató con dinero público.
Estos días, hay que tener mucho cuidado. No estábamos tan mal de fondos en la campaña electoral como para que Hague tuviera que asumir tal riesgo al compartir el cuarto de hotel y cuando la persona en cuestión consigue luego un empleo.

