¿En cuál bola de cristal pudo Timothy Geithner, secretario del Tesoro de Estados Unidos, observar que la economía norteamericana no entrará, por nueva vez, en recesión?
Los pronósticos sobre el comportamiento de una coyuntura económica podrían resultan tan certeros como las estimaciones del comportamiento del tiempo durante un día soleado. El refranero popular expresa: El día más claro llueve.
A estas alturas del juego ya no se trata de insistir en las causas que generaron el sombrío panorama financiero que se posó sobre el territorio económico estadounidense, sobre todo a raíz de la pérdida de confianza que estalló cuando en septiembre de 2008 se produjo la quiebra Lehman Brothers, disparando la caída de las bolsas de valores.
Es obvio que sin un diagnóstico objetivo acerca de los factores determinantes en el estallido de la actual crisis económica mundial no se estaría en condiciones de gestionar instrumentos de políticas fiscales y monetarias necesarios para colocar a la tierra del billete verde por la senda de un crecimiento sostenido.
Y a grandes males, grandes remedios. Lo que en un primer momento se manifestó como un problema del sector inmobiliario (2007) se complicó con toda una telaraña financiera creada por la dinámica de la globalización, desregulación o libre movimiento de los capitales, especulación en los llamados mercados de futuros
Porque resultaría un simplismo considerar la actual crisis que agobia a las estructuras económicas de Estados Unidos como una más de las que de manera periódica aflora sobre la piel de las actividades productivas, comerciales y financieras.
Ramón Tamames, economista español, sostiene en su obra Para salir de la crisis global (2009) una interesante tesis: la actual crisis mundial es la rama de un ciclo más, por grave que sea. Eso significa que la misma llegará a su fin, no será eterna. ¿Cómo negar la naturaleza cíclica auge, recesión y reanimación, entre otros estados de ánimo de la economía- de la economía capitalista?
Desde los tiempos de la crisis de los precios en los tulipanes holandeses (1636) hasta las recurrentes turbulencias financieras del siglo 20 el carácter cíclico de la economía capitalista no deja de ponerse en evidencia.
Mucha agua ha corrido bajo el puente de la historia económica mundial durante las últimas siete décadas.
Desde la Gran Depresión (1929) hasta la Gran Recesión (2008) tanto los países desarrollados como los subdesarrollados han sufrido el impacto del derrumbe estrepitoso de la producción de bienes y servicios, acompañado del aumento en los niveles de desempleo.
Alguien dijo una vez que una economía entra en recesión cuando tu vecino pierde su trabajo, en tanto se esta en depresión cuando eres tú el se queda sin trabajo.
Cierto, los pronósticos sobre análisis de coyunturas económicas están afectados por las limitaciones que imponen las circunstancias y los imponderables del momento. Un economista podría verse en la necesidad de revisar sus análisis de corto plazo.

