Opinión

Presencia económica

Presencia económica

Las redes del déficit
Una sombra recorre el contexto de la geografía económica mundial: el fantasma del déficit fiscal, el cual aflora cuando los gastos superan los ingresos del Estado.

Hay economías desarrolladas que han hecho del déficit fiscal su desempeño financiero cotidiano, realidad que tiende a acumular presiones sobre el desempeño de la economía en su conjunto.

Téngase presente que el endeudamiento del gobierno se hace presente con el déficit presupuestal, pues para financiar ese saldo negativo tiene que recurrir o al aumento de los impuestos o a tocar las puertas crediticias en los mercados financieros internacionales.

Cuando sobreviene una crisis económica como la que estalló en el 2007 dentro de Estados Unidos y que se propagó por el globo terráqueo durante el período 2008-2009 salen a relucir los efectos devastadores de los números rojos en las finanzas públicas.

Claro, lo ideal para toda economía es que los déficit, tanto fiscal como el comercial y financiero, queden atrás, pues a largo plazo, la persistencia, la recurrente de los déficits hacen vulnerable al aparato productivo, a la vez que sitúa a la macroeconomía en un estado de fragilidad e incertidumbre para el diseño práctico de políticas públicas.

Al llegar a este punto conviene recordar palabras del economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) cuando expresó: “El dinero es un vínculo entre el presente y el futuro. Eso quiere decir que todo endeudamiento es un préstamo que toda sociedad se hace a sí misma”.

Por ejemplo, tras la lenta recuperación de la economía mundial los gobiernos de la eurozona iniciaron una política fiscal contractiva, dejando de incrementar el gasto público para estimular las actividades productivas, comerciales y financieras.
El costo social de semejante política fiscal contractiva no se ha hecho esperar: el desempleo ha sembrado raíces dentro de la economía europea, al tiempo que protestas sociales se producen en los países comunitarios, especialmente en aquellos que se encuentran atormentados por un endeudamiento público que compromete su capacidad de pago. Tales son los casos de Grecia, Portugal y España.

Si de lo que se trata es de reducir o eliminar un déficit fiscal y enfrentar el endeudamiento, sin lugar a duda habría que estimular un crecimiento sostenido, lo que contrastaría con la aplicación de políticas económicas muy restrictivas.
El déficit presupuestario podría ser una herramienta válida para promover la actividad económica cuando la inversión privada se ha reducido y el gasto en consumo se encuentra deprimido.

Pero como quiera que sea lo más importante es apostar a la estabilidad macroeconómica y al control de la inflación.
Lo que sí queda claro es que la búsqueda del equilibrio presupuestar o la existencia de un superávit o déficit fiscal manejable es el norte de una buena gestión en las finanzas públicas, pero hay un límite para los recortes del gasto público: el freno al crecimiento económico y al mantenimiento del gasto social.

El Nacional

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