Compás de espera
Estados Unidos es un gigante de la producción, al aportar 14 billones de dólares al Producto Interno Bruto (PIB) mundial, el cual ronda en la actualidad los 65 millones de millones de dólares.
Téngase en cuenta que el billón español equivale a un millón de millones de dólares y se representa con un número 1 seguido de doce ceros (1 000 000 000 000). Pero en la literatura económica anglosajona un billón de dólares no es más que mil millones de dólares. El billón español tiene su equivalente en el trillón norteamericano.
Pero la economía estadounidense se mantiene relativamente frenada, dando señales confusas y difusas de recuperación.
El Sistema de la Reserva Federal (FED/Banco Central) ha tratado de estimular el acceso al crédito a través de reducciones acentuadas en las tasas de interés, llegándose prácticamente al rango entre 0,25 y 0 por ciento, considerado como el nivel más bajo del costo del dinero en las últimas cuatro décadas.
En Estados Unidos el consumo de bienes y servicios aporta las dos terceras partes del Producto Interno Bruto (PIB). Se dice que los ciudadanos norteamericanos no están en capacidad de endeudarse más. Que sus tarjetas de créditos no resisten nuevas oleadas de consumo. Pero aún así no logran aumentar su ahorro interno.
Incluso los inversionistas se muestran tímidos. Están impactados por las últimas revelaciones económicas que dan cuenta de una tasa de desempleo que todavía no da señales consistentes de ceder. No se crean nuevos empleos, sino que se recuperan tímidamente, a tal punto que todavía se mantiene próximo a una tasa del 10 por ciento. Las importaciones de EE.UU. han decrecido. La demanda de bienes y servicios por parte de los consumidores estadounidenses todavía luce tímida. Hay señales de recuperación, pero lucen lentas, imprecisas. La crisis no será superada durante el 2010. Los pronósticos de recuperación económica lucen imprecisos, discretos, …
Una verdad se impone: EE.UU. ya no es el importador de última instancia en el mundo. Cierto es que las estadísticas más recientes hablan de un aumento del déficit comercial, pero se trata de un consumo que no incide en la economía real, es decir, en la esfera de la producción.
Y para muchos países subdesarrollados, dentro de los cuales se encuentra la República Dominicana, una mayor dependencia productiva, comercial y financiera respecto del ciclo económico estadounidense se traduce en una vulnerabilidad a los choques externos. Es éste un fenómeno macroeconómico que debe ponderarse.
Se requiere de la formulación constante y persistente de la formulación y puesta en ejecución de un plan de desarrollo económico que se apoye más en la esfera de la producción. Un país subdesarrollado debe diversificar cada vez más su comercio exterior; ampliar su base productiva, más allá de la esfera de los servicios.
Pero por los predios de las economías centroamericanas y caribeñas la incertidumbre es mayor debido al impacto que ejerce sobre la subregión el comportamiento del ciclo económico norteamericano.

