La guerrita petrolera
¿En qué medida el mundo está en la antesala de una guerra comercial entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), los empresarios de Estados Unidos que producen petróleo a través del procedimiento de la fragmentación hidráulica (fracking) y las numerosas economías que dependen, en grado sumo, de las importaciones (compras) de productos energéticos?.
En pleno año 2018 la producción de petróleo por un método no tradición ha impactado notoriamente en la composición de la oferta y la demanda de crudo. Se trata de la extracción de gas y petróleo a través de las rocas bituminosas que contienen abundante materia orgánica que permite la producción de petróleo mediante el uso de la destilación, extrayendo el conocido shaleoil o petróleo de esquistos bituminosos, una clase de crudo que gana terreno dentro del consumo mundial petrolero.
El economista español Gonzalo Escribano, investigador del Real Instituto Elcano, con sede en Madrid, sostiene que desde el 2017 “los precios del petróleo han escalado por encima de las expectativas, se ha producido una aceleración y acumulación geopolítica en Oriente Medio, la OPEP se ha consolidado y ha ganado credibilidad, y el presidente Trump ha irrumpido con fuerza también en materia energética.”
Proteccionismo comercial más control de la producción y la demanda de petróleo en una economía mundial que luce cada vez más en vísperas de desajustes monetario-financieros parece ser una fórmula lúgubre que podría frenar el proceso de recuperación de la economía global tras los efectos devastadores de una crisis económica mundial bautizada como la Gran Recesión (2008-2009) que llegó a estremecer los cimientos de actual orden monetario-financiero internacional.
La recuperación de los precios podría mantenerse con la conjunción de otros factores, tales como las tensiones geopolíticas, un enfoque más estratégico de los productores estadounidenses y un comportamiento más dinámico de la demanda.
Y cuando el presidente Donald Trump escribe en su activa cuenta de twiter que la OPEP está gravitando sobre la tendencia alcista de los precios del crudo parece desconocer la lógica de la economía petrolera mundial. Porque afirmar que hay “cantidades récord de petróleo en todo el mundo, incluido los barcos con carga completa en el mar, siendo los precios del petróleo artificialmente muy altos” significa ver sólo los árboles, en lugar de apreciar el bosque, el conjunto de árboles.
Porque si bien es verdad que la maniobra adoptada por la OPEP para recortar la producción y así frenar el crecimiento de la oferta ha dado sus frutos al frenar el derrumbe de los precios y auspiciar una recuperación en las cotizaciones, lo cierto es que la emergencia de factores geopolíticos como las acciones bélicas de EE.UU. contra Siria y posible nuevas sanciones de Washington contra Irán y Rusia podría frenar la baja de los precios del petróleo.
Desatar una guerrita petrolera contra importantes productores del crudo sería un grave error geopolítico de la Administración Trump, como lo ha sido la imposición de trabas arancelarias a las importaciones de acero y aluminio procedentes de China y otros notorios actores del comercio mundial, creando las condiciones para que se desate un fuego cruzado en materia de medidas punitivas contra las ventas de diversos productos demandados por los consumidores de los países en conflicto.

