Imágenes de cambio
Dentro de la valoración del fenómeno económico globalizador se habló mucho de las bondades de una pretendida integración “cada vez mayor del comercio mundial y los mercados financieros”. Pero más de cuatro décadas después de la mayor expansión de la ola de interdependencia que cubre a las economías del mundo, se podrían extraer conclusiones al respecto.
La pérdida de espacio económico por parte de Estados Unidos dentro del escenario productivo, comercial y financiero global (aunque pretende frenarse a través del recurso político-militar) frente a la fortaleza de una China que ha vuelto a ocupar un dinámico espacio como motor de la economía mundial, coloca al mundo, y en especial a la región latinoamericana y caribeña, en medio de un nuevo escenario conflictivo que hace recordar los álgidos tiempos de la Guerra Fría (1946-1989).
China advirtió a Estados Unidos que el aumento de los aranceles (impuestos aduaneros) por parte de Estados Unidos y China no sólo frena la inversión de ambas economías, sino que, además, lesiona los intereses comerciales del mundo. Incrementar los niveles arancelarios constituye traba al comercio y los flujos de inversiones.
En una ocasión Wang Shouwen, quien fuera viceministro de Comercio chino, llegó a expresar: “Todos hemos visto ya que no hay ningún provecho en tarifas adicionales. Se mire por donde se mire, influyen negativamente en la confianza de inversores y hacen que las empresas tarden más en decidirse a invertir».
La afectación de las alzas arancelarias lesiona no sólo a Estados Unidos, la Unión Europeas y China, para sólo citar el caso de algunos actores comerciales que inciden mucho en el desempeño de la economía mundial, sino que el daño se proyecta sobre el desempeño de la economía mundial a nivel de las medianas y pequeñas empresas al decaer la demanda global de bienes y servicios.
Durante el 2018 la guerra comercial chino-norteamericana retomó un nuevo aliento cuando Washington dispuso una penalización arancelaria a productos asiáticos, obteniéndose como respuesta inmediata la aplicación de una medida similar por parte de Pekín.
Con la presencia institucional del expresidente Donald Trump vimos como EE.UU. retomó la ruta de la guerra comercial al imponer nuevos impuestos a bienes producidos por las empresas chinas, aunque en esa ocasión la respuesta del gigante asiático fue conservadora frente a las exportaciones estadounidense al disponer represalias por una suma de dinero menor, pero notoria.
¿Esas medidas punitivas recíprocas han gravitado en los niveles de intercambios comerciales entre EE.UU.-China reajustándose de esta manera respectivos niveles de balanza comercial y su impacto en el desempeño del comercio internacional?
Equilibrar lo más posible el intercambio comercial entre Estados Unidos y China pasa por los avances en productividad y competitividad, lo que implica definir una estrategia de desarrollo que supere los intercambios comerciales de bienes y servicios tradicionales.
La fiebre no está en la sábana, sino en el rezago productivo y de competitividad que va evidenciando la economía de Estados Unidos dentro de un escenario económico mundial que refleja una nueva recomposición de las fuerzas productivas, comerciales y financieras dentro del globo terráqueo.
Por. Daniel Gurrero
guerrerodanielus@yahoo.com

