Por el cumplimiento del deber nadie debe ser objeto de reconocimiento, y menos cuando se trata de un funcionario público. Pero como por aquí el deber es la excepción y no la norma se peca de injusto ignorar una labor como la desplegada por Nicolás Calderón en los Comedores Económicos. No sólo extendió el programa alimentario a todos los rincones del país, con la incorporación de unas cocinas móviles para casos de emergencia, sino que ha ocupado de rendir cuentas de cada peso que se gastó. Tan vasto fue el programa de alimentación que por primera vez los Comedores Económicos han figurado en el mapa como entidad de la Administración Pública. Al ser relevado del cargo, para lo que dijo estar preparado porque los puestos no son propios y las funciones pasajeros, se despidió con un informe sobre lo ingresos que recibió, lo que gastó y el número de beneficiados. Es bastante en un país donde no predomina la cultura de rendir cuentas. Esa labor es mucho más, como declaró, que la satisfacción del deber cumplido.

