Drogas
La profanación de tumbas es una práctica que hace tiempo despojó de paz y respeto a los cementerios. Sin la menor consideración ni temor vándalos desentierran cadáveres para robar las cajas, alguna prenda preciosa o lo que encuentren. Pero ahora el obispo auxiliar de Santo Domingo, monseñor Amancio Escapa, ha agregado otro elemento al denunciar que los cementerios han sido convertidos en espacios para la prostitución y la drogadicción. La descomposición que cobra cuerpo en el tejido social se extiende a los camposantos, para perturbar la paz de los difuntos. La denuncia del religioso pone en evidencia que la vigilancia en los cementerios es escasa o ineficiente y que la drogadicción se propaga por todas partes. Cabe esperar que un alerta tan conmovedor no caiga en el vacío. Lo que dijo el sacerdote no es para bajar la cabeza en señal de vergüenza, sino para actuar contra la prostitución y la drogadicción que han invadido lugares sagrados. Resulta deplorable, por demás, la irreverencia que impide a los difuntos descansar en paz.
