Al cumplirse hoy el 35 aniversario de su brutal asesinato, el periodista Orlando Martínez se erige como un símbolo luminoso del buen periodismo. Sin otra arma que su pluma enfrentó con dignidad y valor la intolerancia, los atropellos y la corrupción que se atribuía al gobierno del presidente Joaquín Balaguer. Como profesional comprometido con principios y no con intereses espurios, jamás se prestó a componendas ni se apoyó en más recursos como no fueran la verdad y la objetividad. Su ejercicio periodístico, que contrasta con el silencio y la grosera manipulación política y económica de los últimos tiempos, hace que se le recuerde como un valioso referente. Por lo menos los autores materiales del horrendo crimen cometido el 17 de marzo de 1975 han pagado su participación en el suceso. Pero a 35 años no deja de inquietar que el crimen fuera juzgado como un caso común y no como una acción contra las libertades públicas y los derechos humanos. Pero Orlando será siempre recordado como mártir de la libertades públicas.

