El ministro de las Fuerzas Armadas, almirante Sigfrido Pared Pérez, ha asumido el compromiso del siglo con su advertencia de que excluirán de las filas a los militares que no puedan justificar sus bienes.
Nadie lo emplazará a que cumpla con una afirmación que ni siquiera generará expectativas y lo más probable es que se piense que Pared Pérez se ha contagiado con el virus de la política.
Por más fácil que sea determinar el enriquecimiento ilícito y mayor su intención, separar de las filas a los militares corruptos no resulta tan simple. Todos saben que el sueldo de un oficial apenas alcanza, como mucho, para un carro viejo.
Pero hay quienes no sólo se desplazan en vehículos de lujo, sino que viven en mansiones y poseen fincas sin que nadie les pida cuenta. Como cualquier político. Hasta obligar a los oficiales hijos de papi y mami a que cumplan con el servicio por el cual son pagados representa un desafío. Pero si Pared Pérez consigue sancionar siquiera a un oficial que no justifique sus bienes se hará digno de un reconocimiento.

